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¿Cuáles son los límites de la Libertad? 03 Jul 2020 22:41 #11394

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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Una teoría es un planteamiento orientado a explicar un fenómeno que ya cuenta con algunos datos comprobables. Por el contrario, una hipótesis es un planteamiento especulativo orientado a provocar una investigación que la demuestre. Por tanto, la hipótesis se formula antes de contar con los datos necesarios para formular una teoría. A su vez, la teoría no es una tesis sino que formula conclusiones provisionales basadas en datos que parcialmente explican un fenómeno. Por su parte, la tesis es el informe que contiene la prueba científica de una teoría.

La Teoría de las Cuerdas, de la física cuántica que hoy día está de moda, por ejemplo, surge de modelos matemáticos y según esa disciplina es comprobable, pero no lo es en la práctica porque no es comprobable mediante la observación de fenómenos que la confirmen. El método científico exige que lo que plantea un científico, lo pueda comprobar otro mediante la observación empírica.  Otro ejemplo es la Teoría de los Universos Múltiples, o Multiversos. De nuevo, hay indicios matemáticos que la hacen plausible, pero no es comprobable empíricamente.

No obstante, éstas y otras teorías científicas no comprobables siguen enseñándose como "teorías" y no como "hipótesis". Me referí también a la Teoría de la Evolución como no comprobable, porque sólo hay pruebas empíricas de evolución dentro de variedades o razas, pero no las hay desde el origen de la vida, como esa Teoría se enseña en las escuelas. Por eso afirmé que tanto en esta Teoría como en la Teoría del Diseño Inteligente "nos topamos con conclusiones dogmáticas". Y lo mismo afirmo sobre la Teoría de las Cuerdas, sobre la Teoría de los Universos Múltiples y otras teorías que no son empíricamente demostrables.

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¿Cuáles son los límites de la Libertad? 02 Jul 2020 09:26 #11393

 
Como siempre, Gerardo nos propone un artículo interesante y que nos hace pensar.

Globalmente estoy de acuerdo con sus razones pero, como casi siempre, quiero hacer algunas observaciones que someto a la apreciación de los lectores del foro.

Nuestro amigo escribe:
En la práctica no debe confundirse esta separación hasta el extremo de plantear que la religión,la filosofía y la ciencia son enemigas entre sí y que la ciencia y sus dogmas merecen una posición hegemónica y excluyente en los programas educativos respaldados por el Estado”.

Sé que no podré convencer a todo el mundo y menos a los que tienen ideas fijas e inmutables pero la CIENCIA no es dogmática.

El científico que considere como dogma alguna teoría científica o un hecho científicamente “probado”deja de ser científico  en el acto.

Cualquiera que haya ido un poco más lejos que las leyes de la gravitación de Newton o de las leyes de las redes de Kirchhoff sabe que tarde o temprano se descubrirá una teoría nueva que reducirá la anterior a un caso particular o que se encontrará un hecho que pondrá en tela de juicio la idea que parecía establecida definitivamente.

Doy el ejemplo de Newton porque es uno de los más grandes físicos (si no el mayor) que la humanidad ha tenido y porque su “física” ha permitido hacer volar los más modernos aviones y construir la mecánica celeste, deducción matemática de sus leyes, que permitió luego de observar las perturbaciones de la órbita del planeta Urano que Leverrier descubriera, sin verlo, al planeta Neptuno.

Sin embargo, la idea de una fuerza tan extraña que se transmitiera por el espacio de manera instantánea así como la existencia de un tiempo único en todo el Universo sólo se explicaron cuando a principios del siglo XX Einstein expuso su Relatividad Generalizada.

Para resumir, la Ciencia dice: “todo ocurre como si…” a sabiendas de que ese “si” es provisional.

Gerardo insiste en el hecho que ni la Teoría de la Evolución ni el Designio Inteligente (prefiero Designio a Diseño) son demostrables. Eso no tiene importancia; la diferencia es que como él mismo lo señala la Teoría de la Evolución propone una explicación a partir de las observaciones y ya ha cambiado desde Ch. Darwin “todo ocurre como si…” mientras que el Designio Inteligente es un sistema de pensamiento heteronómico (la ciencia nunca es heteronómica sino autonómica, por definición) “hecho de que todo lo existente tuvo un principio y que ese principio se produce como resultado –y a la vez origen– de una serie de leyes fundamentales que no evolucionan a través de las edades sino que SON y siempre HAN SIDO. Luego el Universo y su evolución serían lógicamente producto de un diseño inteligente.

Por consiguiente afirmo que esta teoría no es científica. Personalmente no me opongo a que se enseñe, ¿por qué no? Pero NO COMO CIENCIA pues tal cosa sería un engaño. Igual con el sistema bergsoniano sumamente interesante de la Evolución Creadora, (en inglés Creative Evolution) pero que tampoco es un sistema “científico”.
 
En otro momento daré mi opinión sobre la pena de muerte.

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¿Cuáles son los límites de la Libertad? 30 Jun 2020 16:15 #11391

  • Gerardo E. Martínez-Solanas
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La respuesta fácil a esta pregunta es que la libertad limita donde tropieza con los derechos de los demás. 
 
No obstante, en el mundo real donde interactuamos hay una dinámica más pragmática que nos orienta a aplicar nuestras decisiones de conformidad con normas que tienen su base fundamental en los derechos humanos universalmente reconocidos. El límite de la Libertad, por lo tanto, se percibe como la obligación ineludible de cada ser humano de no violar los mismos derechos que reclamamos para nosotros cuando nuestras decisiones afectan la vida de los demás.

El mundo de hoy contempla tres grandes debates donde ambas partes esgrimen libertades y derechos pero pierden de vista el equilibrio indispensable con las obligaciones implícitas que limitan nuestra libertad.  La confusión se complica con consideraciones sobre el grado de intervención que debe tener el Estado en cuestiones que afectan directamente al individuo y su interacción con los demás.  Estos tres grandes debates provocan una polarización apasionada de las opiniones hasta el punto de hacerlas irreconciliables, alimentando el enfrentamiento de voluntades que se ve alimentado por la intolerancia dogmática y ciega de opiniones opuestas; una actitud que niega de hecho nuestra obligación de respetar los derechos de los demás.

Estos tres grandes debates son:
  1.  Sobre la prohibición de la enseñanza de conceptos, teorías o principios que puedan interpretarse como “religiosos”.
  2.  Sobre la criminalización de la distribución y consumo de ciertas sustancias adictivas y/o estupefacientes.
  3.   Sobre el derecho a la vida:
          a)        el aborto
          b)        la pena de muerte
El primer gran debate se centra en la práctica fundamental de las democracias de la separación de la Iglesia y el Estado.  La confusión que provoca tanto apasionamiento sobre este tema es que implica las relaciones entre dos instituciones que históricamente han rivalizado en una pugna por la primacía o la hegemonía.  En la práctica no debe confundirse esta separación hasta el extremo de plantear que la religión, la filosofía y la ciencia son enemigas entre sí y que la ciencia y sus dogmas merecen una posición hegemónica y excluyente en los programas educativos respaldados por el Estado.

La actitud democrática auténtica exige que se le dé al estudiante todas las oportunidades posibles de aprender, investigar y discernir.

Un ejemplo sobre el tapete es la feroz controversia por la cual muchos ciudadanos exigen que el Estado prohíba la enseñanza y análisis de la Teoría del Diseño Inteligente en los centros de enseñanza públicos.  Según ellos, sólo es permisible enseñar la Teoría de la Evolución. Empero, la Teoría de la Evolución no es más que una teoría que se basa en determinados hechos observables, según los cuales se ha podido comprobar que las especies evolucionan a formas diversas que clasificamos como “variedades” o “razas”.  Sin embargo, no es una tesis demostrable sobre el origen de la vida y de las especies porque no hay evidencia  alguna de que una especie haya evolucionado hasta el punto de dar nacimiento a otra especie distinta.

El “eslabón perdido” no se limita a la incapacidad de demostrar que el homo sapiens sea el resultado evolutivo de alguna especie anterior de primates y de que una rama evolutiva pueda haberse convertido en orangutanes y la otra en humanos.  En realidad, hay muchos “eslabones perdidos” como éste, tanto en el reino animal como en el vegetal, en toda la Teoría de la Evolución.

En cuanto a que esta Teoría da indicios científicamente comprobables del origen de la vida, no existe más que una hipótesis que descansa notablemente en el azar, pero con una probabilidad tan infinitesimal que es muy improbable que el fenómeno se haya producido espontáneamente como obra del azar en el período que calculamos como la edad del Universo. La hipótesis es posible porque una probabilidad en un quintillón lo es, pero sumamente improbable. Es racional, pero no es demostrable.

La Teoría del Diseño Inteligente no es más que otra teoría.  Hay elementos racionales también, pero tampoco es científicamente demostrable.  Sus defensores hacen analogías con el hecho de que todo lo existente tuvo un principio y que ese principio se produce como resultado –y a la vez origen– de una serie de leyes fundamentales que no evolucionan a través de las edades sino que SON y siempre HAN SIDO.  Luego el Universo y su evolución serían lógicamente producto de un diseño inteligente.

En ambas teorías podemos señalar contradicciones y en ambas nos topamos con conclusiones dogmáticas. Por lo tanto, la actitud racional y democráticamente correcta es la de someter ambas a estudio por igual en las instituciones de enseñanza, quizás en cursos críticos y comparativos que aspiren a desarrollar una inquietud analítica e investigativa en el estudiante.

El segundo gran debate se centra en la autoridad del Estado para prohibir o no sustancias adictivas.

Es curioso que los defensores de la prohibición funden su intolerante convicción en consideraciones éticas, al tiempo que defienden la inmoralidad de la época en que vivimos como un derecho a la libre expresión, a la libre asociación y al libre mercado.

Por su parte, quienes se oponen apelan a la moralidad y al orden con la pretensión de que el Estado sea un hermano mayor siempre vigilante de nuestros vicios, debilidades y hábitos.  Pero se contradicen al detestar las arbitrariedades burocráticas y los fueros dictatoriales que siempre acechan en el entorno democrático.

En ambas posiciones hay profundas incoherencias y contradicciones. Quienes exigen la prohibición radical e intolerante de ciertas de esas sustancias, son incoherentes porque no encuentran objeción suficiente al uso legal de otras sustancias adictivas, como son el alcohol, el tabaco, el café o los esteroides, a todas las cuales tiene acceso libre el público en general.  La percepción de que unas sustancias son tolerables y las otras intolerables no sólo es caprichosa sino que crea notables distorsiones en la sociedad y lejos de frenar la criminalidad y el hampa, los estimula.

Quienes, por el contrario, promueven una permisibilidad absoluta del uso de esas sustancias, pierden de vista los efectos devastadores de la adicción en las sociedades donde ésta se propaga descontroladamente. En este caso, como en el anterior, se concibe la intervención del Estado, a favor o en contra, desde una perspectiva que no es democrática.  La función del Estado debe ser puramente administrativa.  El control de los problemas y aberraciones de la sociedad debe quedar en manos de organismos e instituciones especializadas que tengan facultad para actuar al nivel del individuo y de las estructuras comunitarias. 

Es en estas cuestiones donde el principio de subsidiariedad se debe aplicar con más rigor.  En este caso serían las estructuras de control de las profesiones médica y farmacéutica, aptas para tratar las adicciones como un problema de salud a nivel individual y local. Por el contrario, el crimen organizado se nutre de la prohibición (como se comprobó en la época en que las bebidas alcohólicas estuvieron prohibidas en los EEUU), la cual es a su vez responsable del crecimiento incontenible de un mercado negro que convierte la promoción de esas sustancias adictivas prohibidas en un negocio multibillonario que llega a ser, por la fuerza del dinero, más poderoso que las fuerzas del orden en muchos países (como está sucediendo trágicamente en México) y que se sigue fortaleciendo en otros merced a la internacionalización del tráfico de estas sustancias prohibidas.

El tercer gran debate se centra nada menos que en la interpretación que queremos dar a un derecho humano fundamental, el derecho a la vida. Los derechos humanos son inherentes, inalienablese indivisibles.  No  caben interpretaciones ni más limitaciones que la expuesta desde el comienzo de este análisis:  la obligación de respetar el derecho de los demás.  Es decir, nuestros derechos no son respetables si no procedemos con equidad a respetar los derechos de los demás.

El mandamiento inmemorial de “no matar” no se limita a una cuestión moral sino de supervivencia de la especie.  Ni los animales ni las plantas suelen aniquilar a los miembros de su propia especie. Esta es una aberración humana. Empero, la naturaleza nos ofrece muchos ejemplos en los cuales los miembros de una especie matan a sus congéneres.  Suelen ser enfrentamientos por la supremacía territorial o sexual.  Suceden en defensa de la propia supervivencia, porque el territorio y la capacidad reproductiva determinan la supervivencia futura de los involucrados.

En la especie humana, estas dos consideraciones suelen ser también el origen subyacente de las guerras.  Son las que provocan la ambición de dominar a los demás y aplastar sus derechos de supervivencia.  Pero el origen y la razón de las guerras y contiendas con nuestros semejantes es tema para otro análisis.  Aquí analizamos la cuestión fundamental del derecho a la vida en dos aspectos que provocan el enfrentamiento –a veces violento– de puntos de vista opuestos. Tanto el aborto como la pena de muerte implican la violación radical de este derecho.  Aquí también, las tendencias opuestas luchan denodadamente en los países democráticos para que el Estado imponga su voluntad a favor o en contra del aborto y del ajusticiamiento de los criminales.

Respecto al aborto, la cuestión debiera limitarse a decisiones médicas que se basen en el principio fundamental del juramento de Hipócrates que todo médico debe cumplir. Este juramento consta de varios párrafos que aquí no hay espacio para publicar ( http://es.wikipedia.org/wiki/Juramento_de_Hip%C3%B3crates ).  Uno de esos párrafos, en su versión moderna,señala que: “Tendré absoluto respeto por la vida humana, desde su concepción.” Por lo tanto, la decisión debiera ser exclusivamente del médico que enfrenta la realidad del embarazo y la aplica de conformidad con su juramento.  A veces hay que escoger.  Salvar una vida o la otra.  Un feto que presenta defectos tan evidentes que no será viable su supervivencia después del nacimiento puede impulsar al médico a decidir la terminación del embarazo para evitar los peligros inherentes del propio embarazo y del parto a la madre.  Hay otros casos también en los que la terminación de la vida del niño se hace para salvar la vida de la madre, aunque lo normal en la naturaleza siempre ha sido que la madre esté siempre dispuesta a sacrificar su vida por la de sus hijos.

Si el Estado sanciona el ajusticiamiento legal del feto por razones cronológicas, está atentando contra el derecho a la vida, que no admite limitaciones ni justificaciones. El derecho de la mujer termina donde interfiere con el derecho del niño que ha gestado.  No es su cuerpo, sino el del niño el que será afectado por su decisión de eliminarlo.  No se justifica tampoco que el Estado fije una fecha de gestación para sancionar el asesinato del feto.  Un límite permisible de seis meses es una decisión tan cruel como cualquier otra. Se trata de afirmar que un niño con 5 meses y 29 días de gestación no es humano, pero uno con 6 meses sí lo es. ¿Por qué un día de diferencia en cualquier momento de la gestación convierte a un feto que es humano en otro que no es humano?  En este tipo de decisiones no se trata de salvar una vida por otra sino de aplicar leyes de conveniencia.

El mismo razonamiento puede aplicarse a la pena de muerte.  La prueba definitoria consiste en determinar si la terminación de una vida se justifica para salvar otra vida más viable.  Pero el ajusticiamiento del reo no salva vida alguna.  Es una manifestación de barbarie que convierte a la justicia en una especie de venganza.  Las decisiones electorales sobre esta cuestión violan un principio básico de la democracia:  que no es legítimo tomar decisiones mayoritarias que violen los derechos humanos.

Hay reos que siguen matando en la cárcel donde cumplen condena por sus crímenes.  Sería legítimo dar la orden a los guardias de tirar a matar cuando lo sorprendan de nuevo intentando reincidir.  En ese caso lo harían para salvar otra vida.  Pero el ajusticiamiento a posteriori es un asesinato “legal”. Hay otro argumento que niega al Estado la facultad de aplicar leyes que atenten contra el derecho a la vida en ambos casos.  Consiste en el daño  antropológico que la orden de abortar por conveniencia o de ajusticiar a un “culpable” provoca en los verdugos, sean carcelarios o médicos. 

En la sentencia de muerte y en el aborto hay muchos cómplices que colaboran para terminar una vida.  Son personas que se acostumbran a matar porque esa es su “profesión”.  La ley los deshumaniza y les da permiso para tomar decisiones fundamentales y repetidas contra el derecho a la vida. El causar la muerte de un ser humano es un acto definitivo e irremediable.  Aún entre los criminales “culpables” hay muchos inocentes que no logran demostrarlo hasta mucho después.  La prueba definitoria de la barbarie que representa el ajusticiamiento de un reo “culpable” es la de que no puede devolvérsele la vida a quien podría haber demostrado después que era inocente.  En el caso del aborto, prácticamente todos los niños por nacer son inocentes.  Incluso los que han sido gestados mediante la violación de la madre.  La culpa del padre no debe pagarla el niño.  Es lógico prestarle asistencia a la madre, castigar al padre y hasta dar al niño en adopción cuando nace, pero el delito del padre no justifica la muerte del inocente.

Muchos tratan de resolver todos estos grandes debates bajo el peso de decisiones mayoritarias que otorgan al Estado facultades que no le corresponden.  La dependencia absoluta en las decisiones mayoritarias suele convertirse en una terrible dictadura de las mayorías.  Cabe tomar tales decisiones mayoritarias sobre cuestiones circunstanciales de la vida normal de un país o una comunidad, pero nunca sobre cuestiones de principios que afectan los derechos humanos y las libertades fundamentales.  Esta dictadura de las mayorías suele producirse inicialmente en esas oclocracias, movidas por justificaciones populistas, que acaban por destruir el frágil edificio democrático y por desembocar en la dictadura y el totalitarismo.  Las conveniencias de las mayorías son un pobre y cruel pretexto para imponer decisiones que afectan nuestros derechos y libertades.

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