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TEMA: Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial

Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 15 Ene 2020 18:45 #11251

Un debate de ideas, información y puntos de vista no debe incidir en la amistad ni en las buenas relaciones personales, mucho menos causarle a la buena armonía social cualquier tipo de turbación. Por tanto, separo estrictamente los debates de las relaciones personales. El afecto que siento por mis amigos es sincero e inquebrantable.

Los debates son para aclarar las cosas y, en el mejor de los casos, para hacer reflexionar a los que difieren. Estoy convencido de que en ningún debate haya alguien que sea poseedor de TODA la razón. Por tanto, estimo que este debate, como muchos otros, es enriquecedor, y lamento que Müller no haya seguido interviniendo con sus ideas, que seguramente tendrían otra edificante perspectiva.

Al final de su último mensaje, Abelardo destaca algunas de las ominosas sombras históricas que pueden achacarse a los que en esos episodios se llamaban "cristianos". Tales hechos no son discutibles, aunque podríamos analizar cada uno de ellos en el contexto de la época y en el ambiente social y político en que sucedieron, pero si fuéramos a entrar en tales detalles, deberíamos entonces abrir otro tema.

La historia está plagada de crueldades, abusos, guerras y ambiciones desmedidas. Ninguna institución puede pretender siquiera estar por encima de tales realidades, sino que debe enfrentarlas en un acto de contrición perpetuo que reconozca y trate de remediar (en lo posible) las imperfecciones humanas.
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COM_KUNENA_THANKYOU: Abelardo Pérez García

Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 15 Ene 2020 12:43 #11250

No quisiera que la amistad y la estima mutua que existe entre Gerardo y yo se vea turbada por un debate en el cual he podido escribir algunas torpezas.
Me parece que es preciso aclarar algunas ideas para disipar cualquier malentendido.

En primer lugar cité sólo a monseñor De La Cámara y a Menéndez Pelayo porque en artículos como éste no podía materialmente citar a todo el mundo; ni siquiera cité a Unamuno y, además, no me gustan las críticas en tono de sorna como las que cuenta Gerardo que este autor hizo: "cro, cro", etc…

Recuerdo que el amigo Gerardo escribió:
lo cierto es que los argumentos de White, entresacados de los proclamados por Draper, no se sostienen ante el análisis histórico”.

Lo que yo quería decir, y dije mal, es que me parece imposible que después de haber leído ambos libros se afirme que White entresacó sus argumentos de la obra de Draper tan diferentes son en su estilo y hasta en su contenido y forma.
Me parece que Gerardo no usó la manera más feliz de expresar su idea.

También escribí: “Personalmente estoy de acuerdo con Brooke; la tesis de conflicto entre ciencia y religión ya no tiene curso entre muchos pensadores actuales”
Es decir que ya los estudiosos de este tema no siguen la tesis de conflicto o de guerra (warfare).

No conocía a Lindberg (al aviador sí) pero estoy totalmente de acuerdo con él cuando escribe: “"Although it is not difficult to find instances of conflict and controversy in the annals of Christianity and science, recent scholarship has shown that the warfare metaphor to be neither useful or tenable in describing the relationship between science and religion.″ ¿Pretende afirmar Abelardo que Lidberg tampoco se leyó el libro de White cuando llegó a estas conclusiones?

El dice lo que pienso yo; la metáfora de guerra o de conflicto no es acertada a pesar de que resulta fácil encontrar temas de conflicto y de controversia en los anales del cristianismo y de la ciencia.
Pero nada me induce a pensar que no leyó los libros porque, que yo sepa, no afirma que White entresacó sus argumentos del libro de Draper.

No conocía a Lawrence Principe pero estoy de acuerdo con él cuando escribe:
"No serious historians of science or of the science-religion issue today maintain the warfare thesis (...) The origins of the warfare thesis lie in the late 19th century, specifically in the work of John William Draper".
No soy especialista pero, efectivamente, no conozco a nadie que haya presentado la “warfare tesis” entre la ciencia y la religión antes que JW Draper.
Tesis que ya no tiene curso salvo entre algunos "extremistas" como Dawkins, por ejemplo.

Por otra parte, me gustaría que me explicaran en qué “mi” lógica me llevaría a concluir que Principe no leyó las obras de ambos autores.

“Mi” lógica se limita a preguntar entre otras muchas cosas:

1) ¿Obligó La Sorbona en el siglo XIV a Nicolas d’Autrecourt a que quemara su obra en la Plaza de la Sorbona? ¿Sí o No?

2) ¿Obligó la Iglesia, a finales del siglo XV, a Giordano Bruno a que se retractara? ¿Sí o No?
Nota: Bruno se enfrentó a sus jueces y les dijo; ¡No me retractaré! Además, no veo en qué tengo que retractarme. Lo quemaron vivo; se lo buscó ¿no es verdad?

3) ¿Obligó la Iglesia en el siglo XVII a Galileo Galilei a que se retractara? ¿Sí o No?

4) ¿Obligó la Iglesia en el siglo XVIII al conde de Buffon a que se retractara? ¿Sí o No?

Si usted ha contestado Sí a por lo menos una de estas preguntas usted entiende mi punto de vista. Todo lo demás es “un montón de paja”.
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Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 14 Ene 2020 21:36 #11247

Se nota que Abelardo no debe haber leído mi anterior mensaje, aquí publicado, porque no me apoyo en Tomás de la Cámara y en Menéndez Pelayo "para barrer de un manotazo el libro de Draper", sino también en Unamuno, Brooke, Lindberg y Numbers, entre otros. Además, no entiendo por qué asume que lo hice "de un manotazo", siendo que mis afirmaciones se basan en una investigación que me ha tomado 11 años para publicar un libro y tener casi listo otro sobre el mismo tema en estos momentos para su publicación.

Tampoco digo que la obra de White "deriva" de la de Draper, sino de la influencia que este último tuvo sobre él. En otras palabras, Draper despertó su motivación. Es aventurado que Abelardo concluya que no he leído ambos libros. ¿Cómo puede afirmar lo que no sabe? Por supuesto que cuando leí el libro de White tropecé con muchos argumentos que me incomodaron pero, para evitar un juicio subjetivo, me dediqué a buscar los críticos de su obra que corroboraran o rechazaran mis primeras impresiones.

Por ejemplo, Lindberg, en "Beyond War and Peace", lo desmenuza y concluye, entre muchas otras cosas, que: "His military rhetoric has captured the imagination of generations of readers, and his copious references, still impressive, have given his work the appearance of sound scholarship, bedazzling even twentieth-century historians who should know better." Y añade en otro segmento de su obra que: "Although it is not difficult to find instances of conflict and controversy in the annals of Christianity and science, recent scholarship has shown that the warfare metaphor to be neither useful or tenable in describing the relationship between science and religion.″ ¿Pretende afirmar Abelardo que Lidberg tampoco se leyó el libro de White cuando llegó a estas conclusiones?

Lawrence Principe (para citar a "otro" que no cité antes) también critica negativamente el libro de White y concluye en "Science and Religion" que: "No serious historians of science or of the science-religion issue today maintain the warfare thesis (...) The origins of the warfare thesis lie in the late 19th century, specifically in the work of John William Draper".

Si aceptamos la lógica de Abelardo, tendríamos que concluir también que Principe no leyó la obra de ambos autores (Draper y White) cuando osa establecer esta comparación.

Por otra parte, no estoy llevando al plano personal este debate, aunque debo contestar en forma aclaratoria afirmaciones en las que se pone en duda la objetividad de mis argumentos. Por tanto, no responderé a la pregunta: "¿Qué sombra reconoce Gerardo?" La respuesta está en mis escritos, que suman centenares de artículos, ensayos y análisis sobre diversos temas, así como en los dos libros publicados y, próximamente, en el que está por ver la luz, titulado "La Huella del Cristianismo en la Historia: Luces y Sombras de su notable acontecer". Avisaré a los lectores cuando esté disponible. En éste encontrarán también las muchas sombras que reconozco.
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Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 14 Ene 2020 13:28 #11245

¡Jamás he apagado las luces!

En ninguno de mis artículos se encontrará ataque alguno contra las grandes lumbreras del cristianismo ni de otra religión como tampoco de sus grandes obras y acciones en la historia de la humanidad.
Mis críticas siempre han estado dirigidas hacia personas u organismos que por razones de doctrina han abusado de su poder, anatemizando, censurando, y a veces llegando hasta el crimen.

En mi último artículo cité a Andrew Dickson White acerca de la humillante retractación que el conde De Buffon, eminente y célebre naturalista del siglo XVIII tuvo que hacer para evitar una condena de La Sorbona.
Hubiera podido recordar también cómo en el siglo XIV quemaron las obras de Nicolas d’Autrecourt ¡en la plaza de La Sorbona! porque se atrevió a afirmar que había errores en la Física de Aristóteles.

Por otra parte, no basta citar a Tomás de la Cámara o a Marcelino Menéndez Pelayo para barrer con un manotazo el libro de Draper.
Tomás de la Cámara era un sacerdote quien “por definición” tenía que rechazar los decires del escritor anglo-americano.
Menéndez Pelayo era un hispanista eminente, excelente analista literario y católico convencido (era su perfecto derecho) pero eso no lo autoriza a tratar con desdén e impertinencia el libro de John W Draper: “No es vulgarización, es vulgarismo científico y el autor no es sino un diletante en filosofía”.

Gerardo escribe:
“Con todo el respeto que merece Andrew Dickson White, destacado profesor de la Univ. de Cornell (Estados Unidos) en el siglo XIX, su obra, que deriva de la influencia que sobre él ejerció John William Draper, en otro escrito argumentativo titulado "Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia", en donde Draper presentaba a la Iglesia católica como enemiga de la ciencia, lo cierto es que los argumentos de White, entresacados de los proclamados por Draper, no se sostienen ante el análisis histórico”.

La obra de White no deriva de la de Draper y el hecho que nuestro amigo escriba que los argumentos del primero están entresacados de la obra del segundo me induce a pensar que no ha leído ni al uno ni al otro.
Los dos libros son totalmente diferentes en su forma y en su “espíritu”.
Aconsejo al lector de este debate (si los hay) que lea por lo menos la introducción del libro de White quien fue no sólo profesor eminente sino uno de los dos fundadores, junto con Ezra Cornell, de la célebre universidad del mismo nombre y que ellos veían como un asilo para la Ciencia.

Personalmente estoy de acuerdo con Brooke; la tesis de conflicto entre ciencia y religión ya no tiene curso entre muchos pensadores actuales, pero notemos que White no escribió sobre el conflicto entre la “religión” y la ciencia sino entre la “teología” y la ciencia. Este matiz es sumamente importante.

Gerardo dice que hay que reconocer las Sombras, pero sin apagar las Luces. Ya dije que nunca apagué luz alguna y ahora pregunto: ¿Qué Sombra reconoce Gerardo?
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Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 13 Ene 2020 20:30 #11243

Con todo el respeto que merece Andrew Dickson White, destacado profesor de la Univ. de Cornell (EstadosUnidos) en el siglo XIX, su obra, que deriva de la influencia que sobre él ejerció John William Draper,
en otro escrito argumentativo titulado "Historia de los conflictos entre la religión y la ciencia", en donde Draper presentaba a la Iglesia católica como enemiga de la ciencia, lo cierto es que los argumentos de White, entresacados de los proclamados por Draper, no se sostienen ante el análisis histórico.

De hecho, ambas obras fueron refutadas y criticadas por anticatólicas por Tomás de la Cámara, Miguel Mir y Marcelino Menéndez Pelayo, entre otros que no he consultado. Pero la crítica más notable en español, procede nada menos que de Unamuno, quien escribió en 1910 dos artículos en los que hace referencias a su amigo, el Prof. Andrew Dickson White, y lo hace con notable sorna, primero en un artículo titulado "¡Cro, cro, cro, cro!", comparando con las ranas a quienes no saben escuchar sin prejuicios y, publicando un mes más tarde, otro titulado "Malhumorismo", en el que menciona dos veces con sarcasmo la obra de su amigo el Profesor.

Pero no sólo esos analistas que publicaron en español, sino que también John Hedley Brooke, un destacado historiador de la ciencia, británico, dice que “en sus formas tradicionales, la tesis de conflicto (religión vs. ciencia) ha sido largamente desacreditada”. Otro historiador de la ciencia, este estadounidense, David Lindberg, dice que “a pesar de un consenso desarrollado entre los eruditos que la ciencia y la religión no han estado en guerra, la noción de conflicto se niega a morir”. Además, en 1986 Ronald Numbers –otro renombrado historiador de la ciencia– atacó la “tesis del conflicto” de White en un artículo que señalaba numerosas fallas en la erudición de este. Por todo esto descarté el libro de White como referencia fidedigna para "El Cristianismo en la Historia; sus Luces y sus Sombras", que publiqué en 2017 (disponible en Amazon y en Barnes & Noble) y en el que los lectores interesados en este tema pueden encontrar argumentos más detallados.

El Caso Galileo, se presenta a menudo como evidencia de la oposición del Cristianismo –y especialmente de la Iglesia Católica– a los avances de la ciencia. Este juicio fue producto de algunos elementos reaccionarios y retrógrados de la época que, como hemos visto en mi mensaje anterior, se resolvió sin mucha pena ni gloria mediante la intercesión de otros elementos más moderados, tolerantes y comprensivos. Una revisión cuidadosa del conflicto entre Galileo y la Iglesia Católica, que puede encontrarse en la obra de Christopher Decan, titulada "Galileo, Exegete of Scripture vs Rome", lo revela como otro ejemplo de simplificación excesiva. Se han publicado múltiples artículos y libros sobre el caso Galileo, debido a su papel central en la percepción de un conflicto que NO es tan sencillo como se hace ver popularmente. En las palabras de otro historiador de la ciencia, Peter Harrison (2010), “El juicio de Galileo es una historia entretenida, pero no es emblemático de un panorama histórico más amplio” (en "The Cambridge Companion to Science and Religion").

En fin, hay que reconocer las Sombras, pero sin apagar las Luces.
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Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 13 Ene 2020 11:08 #11242

Estoy totalmente de acuerdo con lo que escribe Gerardo. ¡Cómo negar la importancia de los grandes sabios de la Edad Media como Santo Tomás de Aquino, San Alberto el Grande, el genial Nicolás de Cusa algo más tarde!
Pero a partir del Renacimiento algo cambió ante los adelantos de la ciencia que parecían contradecir algunos puntos de la Sagrada Escritura.
Recordemos que ya Tertuliano y San Agustín habían afirmado que había que confrontar todas las ideas con las Escrituras y que éstas prevalecían.
De buena fe los defensores del dogma condenaron ideas que consideraron opuestas a sus dogmas.

A finales del XIX el profesor Andrew Dickson White escribió en su notable History of the Warfare of Science with Theology in Christendom:
"In 1757 the most enlightened perhaps in the whole line of the popes, Benedict XIV, took up the matter, and the Congregation of the Index secretly allowed the ideas of Copernicus to be tolerated. Yet in 1765 Lalande, the great French astronomer, tried in vain at Rome to induce the authorities to remove Galileo's works from the Index. Even at a date far within our own nineteenth century the authorities of many universities in Catholic Europe, and especially those in Spain, excluded the Newtonian system. In 1771 the greatest of them all, the University of Salamanca, being urged to teach physical science, refused, making answer as follows: "Newton teaches nothing that would make a good logician or metaphysician; and Gassendi and Descartes do not agree so well with revealed truth as Aristotle does."

Cuando afirmé que la "represión" se extendió hasta el siglo XVIII pensaba en particular al caso del naturalista francés Buffon. El profesor White escribe:
"In France, the old theological spirit remained exceedingly powerful. About the middle of the eighteenth century Buffon made another attempt to state simple geological truths; but the theological faculty of the Sorbonne dragged him at once from his high position, forced him to recant ignominiously, and to print his I declare that I had no intention to contradict the text of Scripture; that I believe most firmly all therein recantation. It runs as follows:
"I declare that I had no intention to contradict the text of Scripture; that I believe most firmly all therein related about the creation, both as to order of time and matter of fact. I abandon everything in my book respecting the formation of the earth, and generally all which may be contrary to the narrative of Moses."
This humiliating document reminds us painfully of that forced upon Galileo a hundred years before.

No escribí ni más ni menos.

En cuanto a la diferencia de percepción de las cosas entre Gerardo y yo, se pone de manifiesto cuando escribe:
"Es evidente que todo ES según el color del crital con que se mira"
Como yo soy un horrible relativista escribiría más bien:
"Todo PARECE según el color del cristal con que se mira"
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Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 12 Ene 2020 20:33 #11241

Aunque este debate se ha desviado del tema original, creo necesario aclarar la percepción de algunos hechos históricos que predomina en el mundo de hoy para postular la intolerancia religiosa a los avances científicos.

No puede negarse que ciertos sectores de la Iglesia y, en realidad, amplios sectores de la sociedad en la alta Edad Media, recibían con rechazo e incredulidad muchas nuevas teorías de la ciencia por considerarlas especulativas y orientadas a desvirtuar o rechazar los fundamentos de la religión; no obstante, lo cierto es que estas actitudes retrógradas no se remontaron hasta el siglo XVIII, como afirma Abelardo, sino que desde mucho antes contaban con buena acogida entre los cristianos y la jerarquía eclesiástica.

Santo Tomás de Aquino se atuvo a la ciencia que se aceptaba en su tiempo, pero la realidad es que la Iglesia había estado abierta al conocimiento desde mucho antes del siglo XIII. El Cristianismo, basado en su misión evangelizadora, había logrado transformar el mundo antiguo, asolado por las invasiones de los bárbaros, en un mundo nuevo. La educación y la instrucción recibieron un gran impulso que aumentó a medida que se estabilizaba el continente europeo en los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano.

Aunque el enciclopedismo es un movimiento filosófico y pedagógico moderno que surge inspirado por Diderot y d'Alembert con L'Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers (28 vols) entre los años 1751 y 1772 en Francia, bien podría calificarse a Isidoro de Sevilla (560-636) como un notable precursor con su magna obra titulada Los veinte libros de los orígenes o Etimologías, una vasta obra de 20 tomos que sistematiza y compila todo el conocimiento de su época. Esta fue una obra producto del naciente monasticismo en los albores de la Edad Media. Siglos después, la abadesa Herrand de Landsberg compiló el Hortus deliciarum -o "El Jardín de las Delicias"- que puede considerarse la primera enciclopedia compilada por una mujer (1185) destinada a instruir a monjas y novicias a su cargo.

Es notable la preocupación de Carlomagno por la educación, en particular por la educación superior. Entre sus notables iniciativas, trajo de York a clérigos y educadores para fundar una escuela en el palacio. En otras partes de Europa encontramos casos como el del rey Alfredo (871-899), quien promovió instituciones educativas en Inglaterra que eran controladas por monasterios y tradujo varias obras del latín al inglés. Irlanda tuvo centros de aprendizaje desde los cuales muchos monjes fueron enviados a enseñar a países del continente. En el Sur de Italia, la Escuela Médica Salernitana (Salerno) nacida en el siglo IX actualizó la medicina clásica. En 1088 se inicia la especialidad del derecho y se enseña medicina en la que después se conocería como la Universidad de Bolonia. Pero la “Universidad” de París fue el primer centro de enseñanza superior identificado con ese título en 1256, también conocida como La Sorbonne (o Sorbona), fundada por la Iglesia Católica en 1150 con base en la catedral de Notre Dame. Allí se graduó el futuro Papa Inocencio III a finales del siglo XII y allí enseñó Sto. Tomás de Aquino a mediados del siglo XIII.

Este nuevo tipo de instituciones “universitarias” se propagó tan rápidamente por toda Europa, que al final de la Edad Media contaba con más de 80 universidades distribuidas por todo el continente, y promovió un enorme desarrollo de las inquietudes culturales y de las ciencias. Es importante subrayar que la creación de los centros de enseñanza superior que conocemos como "universidades" fue un fenómeno sin precedentes en la historia. Nada parecido existía en la Grecia clásica o en la Roma imperial; mucho menos centros de enseñanza superior con el grado de autonomía que estas universidades han ostentado a través de los siglos.

En general, la Iglesia concedió fueros a estas instituciones de enseñanza, protegió los derechos universitarios, defendió a profesores y académicos de la prepotencia de las autoridades y edificó una comunidad académica internacional con el privilegio denominado ius ubique docendi que daba licencia a quien obtenía el título de magister para enseñar en cualquier centro de enseñanza superior. Puede afirmarse también sin ambages, que la Iglesia de principios del segundo milenio fue la principal promotora del método científico, es decir del sistema que exige comprobación empírica basada en cálculos o mediciones que otros puedan duplicar. El obispo franciscano Roberto Grosseteste ya planteaba desde principios del siglo XIII la necesidad de la observación empírica y siguiendo ese método hizo los primeros estudios conocidos sobre la luz. Se le reconoce como el primero en formular una serie de pasos indispensables para realizar debidamente un experimento científico. Uno de sus discípulos fue nada menos que Roger Bacon (1214-1294), también franciscano, quien fue catedrático de Oxford e inventó una especie de telescopio, siglos antes que Galileo. S. Alberto Magno fue otro que insistía con firmeza en la necesidad de la observación directa y rechazaba la necesidad de que la autoridad científica se basara en la fe.

Hubo muchos científicos entre los católicos de la alta Edad Media y el Renacimiento. Juan Buridán (1295-1358), un sacerdote francés, se anticipó varios siglos a Newton al establecer el principio de la inercia (a la que llamó ímpetu) y sembró las semillas de la revolución posterior de Copérnico. Además, aportó ideas fundamentales que han sido aprovechadas por las teorías monetarias modernas. En esta materia brilló el genio de uno de sus discípulos, Nicole d'Oresme (1323-1382), al que podemos calificar como el pensador más original y polifacético del siglo XIV, destacando como economista, matemático, físico, astrónomo, filósofo, psicólogo, musicólogo y también teólogo. Autor del primer tratado sobre teoría monetaria, señaló los efectos destructivos de la inflación y el daño que causaba la devaluación de la moneda. Y Gil de Roma (1243-1316), el arzobispo agustino de Burgas, quien descartó el modelo aristotélico del Universo y planteó la teoría de que la Tierra es la que se mueve y no el Sol a su alrededor.

Otra figura importante para la ciencia moderna fue el Cardenal Nicolás de Cusa (1401-1464), también conocido como Nikolaus von Kues, quien se adelantó en más de un siglo a Galileo al proclamar que la Tierra no es el centro del Universo y al plantear abiertamente un sistema planetario heliocéntrico. Especuló sobre la existencia de otros mundos, adelantándose también en más de un siglo a Giordano Bruno, y afirmó que las estrellas eran otros soles que probablemente sostenían la vida de esos mundos remotos.

En cuanto al lamentable y confuso incidente del juicio de Galileo, es justo aclarar que los inquisidores basaban sus argumentos en las enseñanzas de Grosseteste y San Alberto Magno que exigían la necesidad de la observación empírica y comprobable, por lo cual le exigían a Galileo que modificara unos pasajes en los que se refería a los escritos de Copérnico para que explicara que el heliocentrismo no era una teoría verdadera, sino sólo un artificio útil para sus cálculos astronómicos.

Su negativa provocó represalias, pero estas fueron muy sutiles y moderadas, porque siguió gozando de las consideraciones que podían esperar las personas prominentes de la época y nunca estuvo en la cárcel: Inicialmente lo recluyeron en la Embajada de Toscana en Roma, después le habilitaron unas estancias reservadas a los eclesiásticos de esa ciudad, seguidamente continuó su condena en Villa Médici, propiedad del Gran Duque de Toscana, y finalmente la completó en el palacio de su amigo, el arzobispo de Siena, Ascanio Piccolomini. Su posición como primer matemático y filósofo de la Toscana no fue afectada por este juicio. Además, es importante señalar que no ha existido ningún otro proceso semejante en la historia de la Iglesia. Este caso de intolerancia científica es único.

Hay que señalar también que no todos estuvieron de acuerdo en 1616 con la opinión del Tribunal, en particular los astrónomos jesuítas del Colegio Romano y el carmelita italiano Paolo Foscarini (entre otros). Este último publicó un opúsculo donde defendía que el sistema de Copérnico no contradice la Sagrada Escritura. Sin contar que después de publicar Galileo en 1612 su obra titulada Cartas sobre las manchas Solares, el Cardenal Maffeo Barberino, quien habría de sancionar su “condena” años más tarde (como Papa Urbano VIII), le escribió una de las muchas cartas de felicitación que recibió en esos momentos el genial científico por sus descubrimientos. El Cardenal Barberino le escribió también una carta al Padre Carmelita Paolo Antonio Foscarini, quien había escrito una Lettera sopra l’opinione de’ pittagorici, e del Copernico, della mobilità della terra e stabilità del sole, señalándole que en caso de ser correctas estas teorías sería "necesaria una consideración cuidadosa para explicar las Escrituras que pudieran interpretarse como contrarias" a ellas.

Los que exageran estos hechos históricos, pasan por alto también que Galileo había recibido en 1610 una eufórica carta del Padre Cristóbal Clavius (Christopher Schlussel), quien a la sazón era el matemático más reconocido en toda Europa, anunciándole que los astrónomos jesuítas habían confirmado sus descubrimientos y teorías. Poco después, cuando fue recibido con entusiasmo en Roma, le escribió a un amigo confiándole que “me han recibido y me han demostrado favor muchos ilustres cardenales, prelados y príncipes de esta ciudad”. SS Pablo V lo recibió en una larga audiencia y organizó después con los jesuítas del Colegio Romano todo un día de actividades para hacer, en unión del Padre Clavius y del Padre Grienberger, ante cardenales, académicos y líderes seculares, una disertación sobre sus descubrimientos astronómicos.

;)Es evidente que todo es según el color del cristal con que se mira, una frase que, por cierto, es científicamente comprobable.

PD.- En cuanto a la Revolución Francesa, algunos aspectos de mi opinión sobre ese tema puede leerlos y debatirlos el lector en "Revolución y Terror: Preámbulo del Totalitarismo", en este mismo FORO.
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Derechos, aberraciones y "conveniencias" de una sociedad en crisis existencial 20 Ago 2019 15:03 #11081

A mí me parece normal.que al principio de la “ciencia moderna”se haya olvidado la “física de Aristóteles”.
Esta física suponía, entre otras cosas, una tierra plana cubierta con bóvedas celestes transparentes que giraban a su alredededor en las cuales se encontraban en una la Luna, la más baja; en otra más alta, el Sol y luego otras en donde estaban las estrellas.
El mundo sublunar era caótico; tempestades, terremotos…mientras que el mundo supralunar parecía perfectamente ordenado y dirigido por seres de naturaleza superior.

El genial Santo Tomás de Aquino en su siglo XIII aceptó en su conjunto esa visión antigua falta de otra más acorde con la realidad del universo; visión que vino efectivamente tres siglos más tarde con Képler, Copérnico, Galileo, Newton, etc, etc, como señala el señor Müller.
Esta nueva visión fue combatida por la Iglesia hasta bien entrado el siglo XVIII porque según decía no estaba conforme con las Escrituras Santas.

El señor Müller escribe: “Pero Newton, al "fundar" la física moderna con su famoso libro: "Principios Matemáticos de la Filosofía Natural", inició la confusión de la verdadera filosofía natural, la filosófica de Aristóteles y Sto. Tomas de Aquino, con sus "Principios matemáticos".

Creo que debemos fijarnos en la preposición DE.
Newton no confunde los Principios Matemáticos CON la Filosofía Natural (nombre que se le daba a la Ciencia; en latín Scientia significa conocimiento, saber).
Es decir que Newton expone genial y magistralmente las bases matemáticas DE la ciencia. Le da una base racional y razonada a la Filosofía Natural exponiendo algunos principios de base como el Principio de Inercia (intuido ya por Galileo), la relación entre las nociones de Fuerza, Masa y Aceleración y (basándose en las observaciones de Kepler) explicó el movimiento de los astros con su famosa fórmula F=kmm’/d².

No sé lo que significa el olvido del SER en Newton y en todos los científicos modernos. Cuando un cardiólogo estudia el “Doppler” de un paciente no olvida el SER ni la ESENCIA del paciente pero lo que le interesa es ver si ese paciente tiene alguna patología que la Técnica, derivada de la Ciencia le puede permitir encontrar y así curar a la persona.
Dejemos a los filósofos la ontología y respetemos el trabajo de los científicos con sus “ números que miden las cantidades matemáticas puramente exteriores”. Pueden ser importantes.

Ahora está de moda echarle la culpa de todos los horrores del mundo a la Revolución Francesa que ciertamente cometió cierto número de ellos. Veamos lo que escribe el señor Müller:
“Los movimientos revolucionarios que nacieron con la Revolución Francesa, en nombre de la Ilustración "científica", y bajo la égida ciertamente cristiana de "Libertad, Igualdad y Fraternidad" pronto se convirtió y pervirtió en todo lo contrario, con el terror y el anticristianismo, la guillotina, los genocidios de campesinos como en la Vendée francesa. De ahí el exterminio de los Kulaks de Stalin, el archipiélago de Gulag, los campos de concentración de Hitler, el Pol-pot, los crímenes en la guerra civil española y los brotes anticlericales de toda la América Latina”

¿Por qué no añadir el genocidio de los indios norteamericanos? ¿Los tiroteos en centros comerciales o en Colleges de EEU? ¿Los baches en las carreteras cubanas? ¡AH! Es verdad que de esto último tiene la culpa el Imperialismo y no la Revolución Francesa…
Lo que más me llamó la atención fue lo del genocidio de campesinos en “la Vendée francesa”.
No creo que exista otra Vendée en otra parte del mundo. Se trata de una provincia del Oeste de Francia en donde hubo feroces batallas entre “Republicanos” (azules) y Realistas (blancos; contrarrevolucionarios y grupos católicos) desde 1793 al 1796 principalmente.
La saña revolucionaria fue terrible y Babeuf, un revolucionario opuesto a Robespierre escribió que hubo un “populicidio”.
En realidad estas batallas y masacres mutuas tuvieron lugar en un territorio mucho más extenso que la provincia Vendée pues cubrió también parte de Bretaña y de Normandía.

Fue parte de la atroz guerra civil entre blancos y azules.
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COM_KUNENA_THANKYOU: Pedro Corzo
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