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TEMA: Desaliento y desesperanza ante la visita del Papa a Cuba

Desaliento y desesperanza ante la visita del Papa a Cuba 24 Feb 2012 23:31 #5465

La anunciada visita de SS Benedicto XVI a Cuba ha despertado semejantes –o aún peores– reacciones de inconformidad e incomprensión que las provocadas por la visita anterior de SS Juan Pablo II a finales del milenio pasado. Algunas son tan vitriólicas y anticlericales que no merecen comentario, mientras que otras subrayan una queja que se nutre del desaliento y el enorme sentimiento de indefensión que sufre el pueblo cubano. Podríamos citar muchas reacciones como éstas, pero baste un fragmento de una carta que ha circulado ampliamente en correos electrónicos en los últimos días, donde movidos por una evidencia circunstancial que es engañosa, los firmantes hacen afirmaciones innecesariamente hirientes: "aun sufrimos, aun lloramos a los nuestros, aun nos mueve y nos conmueve luchar contra las injusticias, disculpe usted; qué puede saber usted de eso. ¡Nada!"

Ignoran que este Papa fue un muchacho reclutado a la fuerza en la Juventud Hitleriana, cuando la dictadura nazi necesitaba carne de cañón joven para lanzarla contra los ejércitos que los estaban derrotando en todos los frentes. Ignoran también que un primo de 14 años, con síndrome de Down, fue condenado a los crematorios por su "defecto". Ignoran que fue un desertor de la Juventud Hitleriana y que al entregarse a los aliados pasó muchos meses injustamente en un campo de concentración. Ignoran que él y su familia lo perdieron todo en la guerra. ¡Cómo atreverse entonces a decir que el no "puede saber nada de eso"!

Desde otra óptica, cabe subrayar que los jerarcas de la Iglesia de hoy están mucho más cerca de las doctrinas de Cristo que aquellos que en la Edad Media y en otras épocas azuzaban a los cristianos a librar "guerras santas" o cruzadas de diversos tipos, todas las cuales resultaban en muerte y destrucción. Hoy día la dirigencia de la Iglesia es mucho más discreta y entiende que se triunfa por el sacrificio y la humildad, emulando a los primeros cristianos frente al cruel poderío de Roma. A Pío XII lo acusaron alevosamente de indiferencia o, peor aún, de contubernio con los fascistas. Con el paso de los años, los historiadores han ido descubriendo la verdad oculta discretamente, hasta el punto que ha merecido el homenaje póstumo de organizaciones judías. Por eso conviene no juzgar sin saber lo que pasa entre bastidores.

Si esperan que Benedicto XVI o el Cardenal Ortega hagan campañas públicas contra la dictadura o que, mucho menos, proclamen una guerra santa contra el seudocomunismo cubano, están muy equivocados. Esa no es la función de la Iglesia. El Papa va a tenderle una mano de hermano a los cubanos. Si se le acerca un enemigo de la cristiandad y lo invita a charlar y a compartir, hará como Cristo y lo escuchará y conversará, aunque aún sus propios discípulos lo critiquen por hacerlo.

Por otra parte, hay que comprender que quizás sean necesarias cartas como esa que hemos citado para que el mundo siga atento al dolor de los cubanos y su constante calvario. Pero el Papa no la contestará. Su función será rogar a Dios que los ilumine, los proteja y les dé un mayor espíritu de comprensión. Su función será llevar el mensaje de Jesús a la Cuba de hoy.

En realidad, no hace falta una actitud contestataria ni de “cruzada” para defender públicamente los derechos humanos, ya sea desde el púlpito, como hace el Padre José Conrado Rodríguez desde su humilde parroquia en una de las provincias orientales y hacen también otros menos conocidos, o desde el trono Vaticano, como hace el Papa. Y al tender esa mano al enemigo, hay una obligación moral de amonestarlo y exigirle respeto a los derechos humanos. Supongo que Benedicto XVI lo haga en privado y ruego a Dios que lo inspire para imprimirle fuerza justiciera a sus palabras. Pero no lo reto ni lo emplazo. Es muy difícil dialogar con un régimen totalitario y, mucho menos, apaciguarlo ni hacerlo entrar por razones. Sus decisiones son caprichosas, agresivas y crueles. Cualquier percibida injerencia causa males mayores.

A esta malvada realidad se enfrenta el Papa cuando visita países como Cuba. Él es un invitado que, como Jefe de Estado, debe acatar ciertas limitaciones protocolares. El Cárdenal Ortega, como Príncipe de la Iglesia, la representa en el país donde vive su grey. Pero los José Conrado que pululan por las parroquias cubanas, actúan con sentido cristiano y defienden a los desposeídos y abusados. Evidentemente, si no fuera con el beneplácito del Papa y del Cardenal, difícilmente podrían hacerlo. Y sin esas conversaciones de sus superiores jerárquicos con los personeros de la dictadura, tampoco.

La jerarquía de Roma desempeña su función unificadora y orientadora, pero NO ES la Iglesia. En los Cursillos de Cristiandad enseñan a los laicos que “¡la Iglesia soy yo!” Es decir, cada miembro de la Iglesia en el ejemplo de vida cristiana que sea capaz de dar, porque la suma de todos los buenos cristianos ES la Iglesia. Esos buenos cristianos han aprendido a no “creer en los curas” sino en la palabra de Jesús. Por su parte, los sacerdotes consagrados a una función pastoral y evangélica, tienen también su función. Son consejeros espirituales. Pero no por eso podemos olvidar que son tan humanos como el resto de nosotros.

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He aquí los testimonios del papel desempeñado por el Vaticano en la II Guerra Mundial:
Primera Parte


Segunda Parte


Tercera Parte


Cuarta Parte
< Vea el resto de los 6 videos AQUÍ >
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