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TEMA: Preservar el socialismo en Cuba parece una broma del siglo XXI

Preservar el socialismo en Cuba parece una broma del siglo XXI 14 Ene 2012 23:35 #5069

La Primera Conferencia Nacional del Partido Comunista cubano (PCC) -a realizarse este mes de enero del 2012- ha generado pocas expectativas entre intelectuales, dirigentes, blogueros, oposicionistas y pueblo en general, porque el cónclave y sus viejos dirigentes, en lugar de enfocarse en evaluar los cambios significativos que el duro entorno social y político en Cuba necesita, insisten en la preservación y actualización del socialismo.

En aras de preservar el camino socialista en la isla, cabría preguntarle a los dirigentes comunistas cubanos y a los intelectuales que con honradez se han planteado la crucial disyuntiva ante las circunstancias de deterioro terminal que padece Cuba: ¿de qué ‘socialismo’ hablamos, del que fracasó en la Unión Soviética, en Alemania comunista, en Europa del Este o en Cuba, durante el más de medio siglo transcurrido desde 1959, con los consabidos descalabros en el desarrollo económico deseado, o pensamos en la variante de un socialismo democrático, como el que lideró recientemente Michelle Bachelet en Chile?

Confiemos que en la mente de los dirigentes cubanos esté desterrado para siempre el socialismo aterrador de José Stalin en Rusia y sus alrededores, y pueda germinar la experiencia de un régimen democrático en la isla.

En un documento abierto a debate sobre el presente y futuro del Partido Comunista cubano (PCC), publicado por la revista ‘Espacio Laical’, varios intelectuales cubanos, como Víctor Fowler, poeta y ensayista; Orlando Márquez, director de la revista Palabra Nueva; Ovidio D´Angelo, investigador social; Alexis Pestano, miembro del Consejo Editorial de la revista Espacio Laical; Ariel Dacal, educador popular y Lenier González, vice-editor de la revista Espacio Laical, pusieron sobre el tapete el tema y la importancia que pueda tener para el futuro cubano la conferencia partidista del PCC.

El acontecer nacional cubano vive un ambiente de urgencia, con la sensación de que quedan muchos temas pendientes por resolver, como la política migratoria (dar fin a la prohibición de entrar y salir de Cuba libremente), la política monetaria (concluir con lo injusto y discriminatorio que resulta la doble moneda), la política jurídica (terminar con la penalización inconcebible de las diferencias), la política económica (aceptar el fracaso del estatismo cerrado y abrir el país a la iniciativa privada, como impulso integral al desarrollo, con autorización de créditos privados, establecimiento de mercados mayoristas y la aplicación de una política racional de impuestos).

Lamentablemente la Primera Conferencia de los comunistas cubanos deja fuera de la agenda de discusión estos temas políticos y sociales que señalamos y que son decisivos para definir un Nuevo Proyecto integral para el futuro de Cuba.

Si Raúl Castro dijo en el VI Congreso del Partido Comunista cubano, en un rasgo de urgencia y sinceridad sin precedentes, ‘que Cuba se encontraba al borde del precipicio’, y Fidel Castro, unas semanas después confesó, en un rasgo de realismo dramático, que el ‘sistema imperante en la isla ya no servía ni para Cuba’, ¿por qué insistir en preservar un socialismo centralizado que ha sido el provocador de tantos inconvenientes históricos en la isla cubana?

Qué conste que no estamos insinuando para Cuba un capitalismo a ultranza ni explotador, como el que conoció la historia durante la Revolución Industrial y que fue ampliamente superado en el decursar del siglo XX.

El socialismo histórico, un término genérico usado por varias corrientes de pensamiento opuestas al liberalismo capitalista, da prioridad a lo social por encima de los egoísmos individuales, y eso es positivo, aunque hay que aceptar que el capitalismo con el impulso racional de la iniciativa privada, dio el gran salto del desarrollo técnico integral en el mundo contemporáneo y creó las inmensas riquezas para el desarrollo armónico que actualmente conoce el mundo global.

Veamos los ejemplos de Estados Unidos, de China, de Brasil, de Viet-Nam y de Alemania, por sólo citar algunos que se ubican entre los países que han usado elementos del socialismo e instrumentos del capitalismo en un abierto sincretismo utilitario contemporáneo.

Los dos caminos -el socialista y el capitalista- tienen elementos que estimulados en coordinación, pueden ser beneficiosos para cualquier país.

Pero la conferencia del PCC debe abandonar con urgencia otro error conceptual, que es esa visión totalizante de que el Partido es la representación única de la Nación y la palanca de mando del Estado.

La Nación es el cuerpo que lo integra todo, a comunistas, católicos, protestantes, libre pensadores, social demócratas, trotskistas, demócratas cristianos, anarquistas y babalaos.

El Estado es la organización política de la sociedad. Y es la sociedad o el pueblo el que le otorga el poder soberano.

El Partido es simplemente una organización política de ciudadanos que piensan que el marxismo-leninismo es la doctrina que los une y nada más.

Cuando cualquier partido político en el mundo asume facultades inherentes al cuerpo de la Nación o al poder político que emana soberanamente del Estado, vemos como se desarrollan focos de violencia y autoritarismos, como han ocurrido en Cuba, en Rumanía, en Alemania antes de que cayera el Muro de Berlín, y recientemente en el norte de África.

Un Nuevo Proyecto de País para Cuba implica un proceso de reconciliación, de participación de todos, de superar viejos conceptos de imposición inaplicables en el siglo XXI y de pensar hasta en un decreto de Perdón Nacional -como hicieron en España, África del Sur y Chile- sustituyendo sus autoritarismos por un gran abrazo nacional y fraterno. Y esos tres países hoy son modelos de civilidad, reconciliación y prosperidad.

Este Nuevo Proyecto de País debe convocar de manera civilizada a todas las corrientes de pensamiento en la isla para discutir una nueva Constitución que los represente a todos y que los respete a todos.

La disyuntiva cubana no es ‘preservar el socialismo’ o volver a la Cuba capitalista de 1958, sino buscar un camino de participación democrático de todos los cubanos en el cuerpo de la Nación.

Los cubanos deben usar la fuerza de la sentencia milenaria que afirma que el ‘pasado es prólogo’ y construir todos en libertad la unión en la diversidad para reinventar a la Cuba del siglo XXI.
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