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TEMA: La lección básica de la elección en España

La lección básica de la elección en España 30 Nov 2011 01:20 #4410

  • Guillermo Lousteau Heguy
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El Partido Popular liderado por Mariano Rajoy ha obtenido un triunfo enorme sobre el Partido Socialista Obrero (PSOE) en España. Las cifras del escrutinio muestran el ocaso de un ciclo, iniciado por Rodríguez Zapatero en el 2004 y un vuelco de los españoles hacia el partido de José María Aznar, luego del fracaso estrepitoso del PSOE que ha sumergido a su país en una situación muy delicada. España ha entrado ahora en una zona de peligro, con un desempleo superior al 20%, que alcanza, entre los jóvenes a casi el 45%.
Por supuesto que los analistas han señalado las causas de este derrumbe, causas mediatas e inmediatas que tienen que ver con problemas estructurales y con problemas de gestión del socialismo y de Rodríguez Zapatero y de ese análisis se pueden extraer valiosas conclusiones. Sin embargo, y aunque no haya sido especialmente destacada, hay una lección adicional y fundamental que hay que reivindicar: el rol de las mayorías y sus limitaciones.

Hace 8 años, el socialismo parecía mayoritario en España. Hoy, la mayoría ha votado a la derecha del PP. ¿Es que España ha girado en 8 años del socialismo de entonces al conservadurismo de hoy? Está claro que es imposible afirmar tal giro. Lo más probable es que el electorado haya evaluado y evalúa en cada oportunidad las especiales circunstancias en que se presenta la elección y vote en consecuencia. Lo mismo ocurre en el resto del mundo, cuando las mayorías enfrentan otras condiciones.

La lección es especialmente importante para América Latina, donde algunos gobiernos creen que una mayoría circunstancial les otorga una legitimidad que no admite límites. Al igual que en el caso español, América Latina debe considerar cada elección precisamente como eso: una mayoría circunstancial para administrar el país, y no una hegemonía absoluta perpetuable en el poder.

El sistema constitucional americano, fuente del constitucionalismo latinoamericano, estableció precisamente una limitación para las mayorías efímeras surgidas de una elección: el resguardo del contenido de la constitución a través del poder judicial. Es por eso que nuestros países adoptaron un sistema dificultado para modificar la constitución, ya sea requiriendo procesos diferenciados o ratificaciones después de la propuesta de enmienda. Y no es casual que el sistema más exitoso coincida con aquel que la tenido la menor cantidad de reformas o enmiendas a su Constitución y, por el contrario, aquellos en los que esa norma superior ha sido modificada con frecuencia, sean los que exhiban el nivel más alto de inconsecuencia institucional.

Frente a esta sabiduría política, el pretendido “nuevo constitucionalismo latinoamericano” que, bajo la influencia de la Universidad de Valencia, defiende el socialismo del siglo XXI, sostiene que una constitución no puede limitar a la “revolución popular” y que, por lo tanto, la mayoría puede reformarla cada vez que lo crea necesario.

Esa posición desvirtúa el concepto mismo de constitucionalismo que, a sabiendas de lo peligroso de una mayoría sin límites, contrapuso una norma de carácter superior, que no puede modificarse al arbitrio caprichoso de la voluntad popular expresada circunstancialmente. Con todas sus deficiencias, imperfecciones y dificultades, esa teoría ha mostrado su valía como instrumento de convivencia política.

El giro que muestra el electorado español comprueba lo efímero de una mayoría electoral. Si el PSOE hubiera introducido hace 8 años modificaciones sustanciales al sistema político de España, hoy debería revertirlas en 180 grados, y nadie sabe por cuanto tiempo.

Como gráficamente describió el presidente Lacalle en su intervención en el panel sobre “Democracia y autoritarismo en América Latina” en la Feria del Libro, una característica de los gobiernos autoritarios es su alegado carácter “fundacional”: todo comienza nuevamente con el caudillo de turno. Los gobernantes democráticos, por el contrario, se saben un eslabón en una larga cadena institucional y respetan las normas previas establecidas, y serán respetados a su vez, por sus sucesores.

Al margen de los valores ideológicos que sustentan la limitación del poder público, por más que representen a una mayoría circunstancial, hoy la valía de una democracia liberal o constitucional se puede apreciar en sus resultados prácticos: mientras que el sistema se respeta, los países que lo adoptan continúan su propia marcha –con mayor o menor éxito, más rápida o más lenta –mientras que los que han abandonado esos principios en aras de una revolución que nadie entiende, tendrán que volver –más tarde o más temprano- al punto de partida.
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