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TEMA: El Cristo

El Cristo 20 Ene 2011 16:56 #3534

Por Eduardo Mesa
www.lacasacuba.com/

Era un pinar al otro lado de la bahía, uno de esos paisajes que la memoria registra con la etiqueta de “siempre” y en parte era cierto, siempre vi aquellos pinos, que se unían en un flash a la Fortaleza del Morro. Eran tardes de sábado, ante el muro de la bahía que es bajito en ese tramo, con los barcos mercantes guiados por el práctico en la entrada del puerto y un edificio blanco con una bola en la cabeza que era el Observatorio Meteorológico de Casablanca.

Los muchachos salieron a media mañana y se las arreglaron para llegar a los pies de un Cristo inmenso, allí extendieron un mantel y rezaron en torno a un almuerzo-merienda. Los muchachos de la parroquia no pudieron terminar el almuerzo, llegó un jeep militar y varios reclutas armados los conminaron a abandonar el lugar, el jeep los escoltó hasta que salieron del perímetro de la base. Los muchachos tuvieron que esperar un rato fuera del “perímetro” hasta que los guardias recibieron la orden de dejarlos libres.

El Cristo inmenso es una obra de carácter civil y fue esculpido por Jilma Madera. El dictador Fulgencio Batista la inauguró unos días antes de que Fidel Castro, el otro dictador, entrara en la Habana. Pudiéramos decir que el Cristo en la bahía fue un último delirio de grandeza.
Juan Emilio Friguls me contó una anécdota relacionada con el Cristo y el cardenal Arteaga. Al cardenal siempre lo han criticado porque asistió a la inauguración de aquel Cristo civil de ceño algo fruncido, Borges diría de mal humor obrero.

Pero resulta que en aquellos días cayó preso por razones políticas un joven católico, no fueron pocos los jóvenes católicos que se enfrentaron a la dictadura de Batista. La familia del joven le suplicó al cardenal que intercediera por la vida del muchacho y el cardenal le pidió audiencia al dictador, quería llevar la súplica de aquella familia, la súplica que asumía como propia.

El dictador era astuto, los que llegan a ese sitial lo son, y demoró la audiencia. La esposa del dictador se mantenía en contacto con el cardenal, esta lo llamó para invitarlo a la inauguración del Cristo y el cardenal rehusó asistir. La esposa del dictador volvió a llamar y le sugirió al cardenal que si asistía podrían tratar el tema pendiente de una audiencia no concedida, el tema de aquel joven, retenido por Esteban Ventura. Entonces el cardenal aceptó la invitación y el joven vivió.

El relato de Friguls es esa parte de la historia que casi siempre escapa a los cronistas, la que escapó a las fotos de aquel día, la que no sirvió al juicio, a veces inexorable, de las historias casi oficiales.

En el 1996 se celebró una misa ante la imagen del Cristo en la bahía, y yo sentí que era una misa de desagravio para aquellos que fuimos obligados a ver un pinar donde había un Cristo inmenso.

Los jóvenes de ahora registrarán esa imagen que saluda a los mercantes con la etiqueta de “siempre”, es otro tiempo el suyo y el flash de sus miradas retratará otros lugares. La imagen colosal en mármol de Carrara es ahora parte de un recinto abierto y otra atracción turística en la Habana.

Los muchachos que fueron, a merendar allí a media mañana, no sabían que aquello era una base.
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