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TEMA: La mediación de la Iglesia en Cuba

La mediación de la Iglesia en Cuba 17 Ene 2011 18:03 #3527

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por: Sergio Lázaro Cabarrouy Fernández-Fontecha
“Una voz grita en el desierto:
‘Preparen el camino del Señor;
ábranle un camino recto.
Todo valle será rellenado,
todo cerro y colina será nivelado,
los caminos torcidos serán enderezados,
y allanados los caminos disparejos.
Todo el mundo verá la salvación que Dios envía.”
(Lc 6, 4-6)

En estas palabras del Evangelio de Lucas, citando al gran profeta Isaías, está contenida una parte de la misión de la Iglesia, la de preparar en las personas y la sociedad los caminos de la Salvación que opera Dios desde el principio de los tiempos y que se consumó en Jesucristo. Él encomendó a la Iglesia que continuara esa obra de Salvación con la ayuda del Espíritu Santo. A esta tarea nada es ajeno, pues los gozos, las esperanzas, las alegrías y tristezas de la gente de hoy, son los de la Iglesia. La Iglesia es una comunidad de personas que se alegran, sufren, esperan y se frustran como los demás, pero que comparten su vida con una persona: Cristo. Cada uno de esos hombres y mujeres es el camino de la Iglesia en mundo.

Estas realidades tienen como consecuencia que la promoción de la vida fraterna y el progreso humano integral sean parte de su misión, tanto como lo es la catequesis o la asistencia a los necesitados. La reconciliación es parte de esta promoción de la fraternidad, ¿entre quiénes?, primero de la persona consigo misma, luego de ésta con su familia, su entorno cercano y la sociedad; y finalmente entre la persona y Dios, su Creador y Padre tierno y cercano, cuyo vínculo se pierde por la ignorancia y el pecado, es decir, el daño a sí mismo y a los demás.

Es en este contexto que debe entenderse la mediación de la Iglesia: no se trata de un mero acto político, aunque tiene sus implicaciones en la vida pública; no obedece a meras coyunturas, aunque éstas puedan favorecerla; no se trata sólo de resolver conflictos a nivel social, porque en la vida cotidiana la Iglesia ayuda a cada personas a resolver sus propios conflictos.

La mediación implica un trabajo de acercamiento, de comunicación, en el que el mediador sirve de puente, de canal, de oído y voz, para que se supere una realidad de incomunicación entre dos o más partes que tienen la voluntad de ser interlocutores. Cualquier mediación tiene varias etapas, protagonistas y tareas concretos, según sean los implicados y sus realidades.

La mediación implica, en los interlocutores y en el mediador, la superación de la lógica del vencedor y el vencido, la superación de la ideología de lo irreconciliable, así como de la lógica de la víctima y el victimario, del explotador y el explotado. Se trata de ver en el otro a un igual, con elementos negativos y positivos, se trata de ver en uno mismo a un ser limitado, con defectos y virtudes, con unos elementos a promover y otros a cambiar. De esta manera se supera la visión del otro como “negativo absoluto”, o la propia, como “paradigma del bien”.

Ambas visiones han estado presentes en el contexto socio-político en Cuba. El gobierno ha considerado la Revolución como el paradigma del bien para la persona y la sociedad y por tanto “contrarrevolución” el peor de los males, y ha tildado de “contrarrevolucionario”, es decir, de “malo absoluto” a cuanta propuesta difiera del discurso de los que se consideran “revolucionarios”. Tal dicotomía se trasladó al seno de la familia, incluso, al interior mismo de la persona, sutilmente obligada a tener una “actitud” exterior que no necesariamente tiene que ver con la vida interior. De la misma manera muchas personas, públicamente disidentes o no, consideran al sistema social imperante como una suerte de “absoluto negativo” del que no hay nada bueno que salvar, en el que nada va a cambiar, y del que hay que emigrar si se quiere aspirar a una vida mejor. Estas posiciones contrapuestas hacen, crean, una realidad de incomunicación que normalmente requiere mediación.

Esta imagen simplificada de la realidad permite también percatarnos de ciertos cambios positivos. Han ido cambiando las personas, el concepto de revolución, lo que se considera contrarrevolución, la capacidad de la gente de decir lo que piensa, así como la vida interior de mucha gente, que maltrecha y escasa, se va abriendo paulatinamente a Dios, o al menos al Absoluto distinto de Revolución, por diversos caminos, sin excluir completamente los valores de ésta, pero con aspiraciones de cambios y progreso.

En lo personal he tenido magníficas experiencias de diálogo con personas que piensan distinto que yo, y que se sitúan en diversos lugares del espectro político cubano, hace algunos años estas experiencias hubiesen sido imposibles. Al final de estos encuentros seguimos pensando diferente, pero nos hemos quedado con el buen sabor de boca de haber coincidido en varios aspectos, e incluso descubrir que hay cosas que podemos hacer juntos, más allá de la diferencia.

La mediación realizada recientemente por obispos cubanos entre las Damas de Blanco y las autoridades, que superó una situación de conflicto y ha devenido en un proceso de liberación y salida del país de presos de conciencia, es un signo esperanzador, pero es solo la punta de un inmenso iceberg de otras mediaciones que deberían animar otros procesos de entendimiento y cambio en lo político, lo económico y lo social. El actual concepto de revolución, de raíz ética, que se difunde en los medios oficiales cubanos, se contradice con el estancamiento de estructuras, leyes y prácticas sociales que tienen raíz ideológica, y cuyas limitaciones han sido dichas ya no sólo por disidentes, sino por personas de todos los estratos sociales y diversos credos políticos, incluso, por el propio Presidente del país.

En estas mediaciones venideras debe continuar interviniendo la Iglesia de Cuba en cuanto cuerpo, no sólo su Jerarquía, eso quiere decir que los trabajadores, las amas de casa, los ancianos, los sacerdotes, los religiosos tienen un papel, que parte de la ayuda a cada persona y familia a superar sus rupturas interiores para que mejore su vida interior y ésta se exprese y realice libremente en la sociedad, teniendo como único límite el bien común, que busca la libertad de todos.

La necesidad de la mediación parte de realidades de incomunicación, por ejemplo: la que pueda existir entre las necesidades y aspiraciones concretas de los trabajadores y las políticas del Estado, entre el pensamiento político de diversos grupos de intelectuales y disidentes pacíficos y el del Partido Comunista, entre el derecho y la necesidad de la contribución al bien común de cualquier ciudadano o grupo y los mecanismos vigentes de control de la sociedad, entre la gran capacidad creativa y el espíritu trabajador del cubano con las actuales formas de empleo y el aparato económico vigente, entre las necesidades concretas de cualquier familia y las políticas socio-económicas vigentes, entre el derecho a ser gobernados conforme a la justicia y el contenido de varias leyes y estructuras sociales vigentes. También hay realidades de incomunicación en el interior de la persona, y en la familia, promovidas por la ignorancia de Dios (por lo menos del Dios liberador de Jesucristo), así como por la falta de valores y de un proyecto de vida dignificante y realizable en Cuba.

La Iglesia, es decir, cada cristiano y comunidad, deben servir de puente para que se superen tales realidades de incomunicación en los diversos ambientes de la sociedad, de manera que los anunciados y pobremente realizados cambios incluyan las verdaderas y legítimas aspiraciones de este pueblo que tanto los necesita. De esta forma puede conservarse lo positivo que existe en el actual orden social. Es preferible siempre una evolución (quitando la “r” a revolución) sosegada, profunda y eficaz hacia la vida mejor que todos soñamos, a la cual tenemos derecho.

La Iglesia no es un mediador neutral. Neutralidad, en su acepción común, significa ausencia de implicación del mediador en cuanto a las partes. La Iglesia no está ausente de la realidad de las personas que son parte del gobierno, ni de las que son parte de la sociedad civil, ni de los militares, ni de los que están en la Isla, ni de los que están en la diáspora, no es ajena a ninguna realidad de nuestra nación, ni de ninguna en el mundo. Ella vive en cada persona que confiese a Cristo esté donde esté, piense como piense. Sí es neutral en cuanto a partidismos políticos, por eso puede mediar en conflictos de este tipo, pero aboga porque cualquier política se haga respetando los derechos humanos, buscando la dignificación plena del ser humano.

La comunidad cristiana es un lugar de encuentro y de mediación por excelencia, ya que es el sitio natural para el encuentro con Cristo, Mediador entre Dios y el hombre, Maestro del resto de las mediaciones que son necesarias para el mejoramiento humano y social, Mediador para la Salvación.

A la comunidad cristiana pueden asistir comunistas y disidentes, delincuentes y policías, demócratas, liberales, agnósticos, babalaos o masones. La Iglesia propone a todos la amistad con una persona: Cristo; y un estilo de vida donde cada cual puede superar sus miserias.

La Iglesia no ha dejado de mediar en nuestra historia, en estos momentos tiene una presencia pública apreciable en diversos ambientes, en los cuales participa en diversos diálogos con personas, grupos, e instituciones estatales o no.

Cada cristiano y comunidad en Cuba debe preguntarse ¿dónde y cómo me toca mediar?, sin miedo a las consecuencias, porque no hacemos otra cosa que preparar los caminos del Señor en el corazón de las personas y la sociedad para que sean ellos los verdaderos protagonistas. Ciertamente los puentes cumplen su función mientras la gente los pisa y los vehículos transitan sobre ellos, y eso es duro, pero la dignificación de la vida del otro es el mejor empleo de la propia. Esta singular entrega nos da acceso de manera privilegiada al Reino de Amor y Justicia que Cristo inauguró con su Resurrección.

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