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TEMA: La imperdonable evasiva de Fidel Castro

La imperdonable evasiva de Fidel Castro 14 Ago 2010 15:39 #3368

El tirano Fidel Castro, convenientemente maquillado, enfundado en su atuendo verde olivo, de tantos malos recuerdos para millones de cubanos, y apoyado sobre los hombros de sus secuaces, regresó al Parlamento “cubano” para pronunciar uno de sus kilométricos discursos.

Los miembros de la Asamblea, sin otra alternativa, ovacionaron al momificado tirano; pero se quedaron esperando declaraciones que tuvieran que ver con la necesidad del pueblo cubano y el imperativo de cambios urgentes para resolver los problemas que se ciernen sobre la empobrecida y avasallada Isla. Castro se fue lejos, a Irán y al Medio Oriente, donde a estas alturas no tiene nada que hacer, y repitió su tesis de que el presidente de los Estados Unidos desataría una guerra atómica, de proporción mundial, que pondría en peligro nuestra civilización.

A Castro, por su hipertrofiado ego, le halaga internarse en un conflicto en el que nada significan sus galones de comandante. Quiere hacer ver que le preocupa hoy lo que hacen otros países pero convenientemente ha olvidado su participación en la llamada “crisis de octubre”. El inflexible tirano se había aliado a la Unión Soviética, la que aprovechó a mediados del año 1962 tal convivencia para instalar en Cuba una base de misiles con cabeza nuclear y equipos de inteligencia para proceder a una intensa operación de espionaje contra los Estados Unidos. La confrontación que se produjo entre ambas potencias estuvo a punto de desencadenar la tercera guerra mundial y primera termonuclear, una catástrofe que de haberse llevado a cabo hubiera desaparecido a Cuba del mapa. Castro fue el tenebroso personaje que sugirió al siniestro Nikita Kruscew que disparara primero que los demás, contra los Estados Unidos, sus misiles cargados de fuerza destructora

La impresión que tenemos es que Castro usa hoy el tema de la probable guerra atómica no tanto porque le interese la paz mundial, sino porque tiene que huir de su propio contexto. Cuando estaba al frente de su fatalista revolución nunca le importó que murieran cubanos en Angola o Etiopía ni que en el corazón de Cuba cayera una bomba que diezmara la población ajena a sus maquinaciones diabólicas; pero ahora se aparece con sentimientos de piedad para con los iraníes y con ruegos al presidente de los Estados Unidos de que no invada al país oriental para evitar una conflagración mundial que anticipa como devastadora. ¿Ha olvidado el anacrónico tirano que fue él mismo el que se atrevió a sugerirle al déspota Nikita Kruschew que ordenara disparar los misiles instalados en la provincia oriental de Cuba contra los Estados Unidos?

¿De qué esta huyendo Castro en su tribuna que ha mudado sus “intereses” para el Medio Oriente? Hay varios temas que son urgentes de atender en Cuba, y los que desgobiernan a la Isla vuelven la cara a otro lugar, porque no les importa el daño que han hecho y que insisten en seguir haciendo.

Para los hermanos Castro los únicos presos que importan son los “cinco espías” que después de haber agotado todos los procesos legales en Estados Unidos cumplen justa condena de prisión. No les importa el hijo del comandante que ocupaba el tercer lugar de sucesión en la lista de los revolucionaros que capturaron el poder en la Isla. Lo que pide Juan Juan Almeida es que lo dejen salir de Cuba para reunirse con su esposa e hija y para que se le atienda medicamente en los males de salud que sufre. Ignorar su petición con una repugnante apatía no tiene sentido alguno.

Es cierto que han liberado -vía del destierro- a algunos presos; pero ¿qué sucede con los que permanecen todavía atrapados en las ergástulas infames construidas como castigo para los que reclaman el derecho supremo a la libertad? ¿Por qué no mencionar al Dr, Oscar Elías Biscet y al más de un centenar de cautivos en las cárceles de la Islas, a quienes debe ofrecerse una libertad sin condiciones?

No tan solo el tema de los presos sino que también se ignoró en la llamada Asamblea Popular el tema de los suministros alimenticios para el pueblo. Saben los que desgobiernan al país que mientras ellos disfrutan de los más exquisitos manjares y los más excéntricos vinos, los que en Cuba no tienen acceso al dólar o al euro son meros mendigos del estado. A esto no se refirió Castro, ni siquiera para echarle la culpa al embargo por la falta de viandas, pan y leche. Seguramente se ha dado cuenta de que a estas alturas el pueblo no se traga la fábula de que sean los Estados Unidos los responsables de que en Cuba no haya una mesa, aunque sea modestamente servida.

Hubo muchos otros temas que evadió el viejo tirano cuando dedicó su discurso a especulaciones de política internacional. No habló de la dramática escasez de viviendas, del deterioro de las construcciones debido a la ausencia de material para repararlas, ni se refirió a los problemas del agua en los centros urbanos en los que los conductos y las fuentes acuíferas no han sido tocados ya por casi medio siglo. El tiempo que dedicó a ensalzar a Irán lo desperdició, dejando de mencionar la crisis en los centros de protección de la salud. En Cuba usan como propaganda los recursos médicos al servicio de extranjeros armados con divisas cuando al ciudadano común hay que enviarle, desde el exilio hasta pastillas de aspirina y pomos de vitaminas.

Una evasión total de los problemas locales, que muchos hay y cada día se suman más. Castro y el Parlamento parecieron celebrar una asamblea en la luna, olvidados de la tierra donde han clavados sus pezuñas.

La llamada revolución cubana se ha amamantado en ubres lejanas. Por decenas de años la ya fenecida Unión Soviética se echó sobre sus hombros la economía cubana, misión que ahora le compete a los exiliados. Es una contradicción que las mismas personas que tuvieron que abandonar Cuba prácticamente echadas por el irresistible y abusivo régimen, sean ahora las que vistan, calcen, alimenten y cuiden la salud del pueblo. Castro pretende ignorar que el exilio cubano es un puntal de la economía de la Isla, y probablemente desecha aceptar la humana calidad de los que desde fuera de la Isla no olvidan jamás ni a familiares ni amigos azotados por la necesidad.

En los últimos años les apareció a los hermanos Castro en medio de las sombras la mano generosamente altanera del rufián Hugo Chávez, que por equivocación de la historia ocupa la presidencia de Venezuela. ¿Qué han hecho con el petróleo venezolano? Revenderlo para hinchar sus riquezas personales. A los revolucionarios de la izquierda les interesa mucho más mantenerse en el poder que atender los problemas de los pueblos a los que capturan.

Castro ante la Asamblea Popular del Pueblo Cubano fue una nueva decepción. Ni los años ni los dolores lo han hecho pensar en los demás. Al contrario, le han engordado el ego y le han despedazado la ideología en la que una vez creyó. Aquella bandada de supuestos héroes se ha convertido 50 años después en una pandilla de delincuentes y forajidos. Todo les importa, menos Cuba.
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