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TEMA: Los peligros de la mediación católica en Cuba

Re:Los peligros de la mediación católica en Cuba 27 Jun 2010 22:57 #3285

Los interesantes artículos de Alberto Muller, así como el reciente del historiador Rafael Rojas, al que se hace referencia al final, comentan críticamente los límites de las gestiones mediadoras de la jerarquía católica cubana. Estas promisorias gestiones han logrado acciones concretas para reducir las hostilidades y acoso contra las actividades de las Damas de Blanco, algunas mejoras marginales en el trato de los presos de conciencia y un diálogo entre académicos de la isla y de la diáspora cubano americana.

Opino que constituyen pasos positivos y efectivos en la dirección correcta, pero desafortunadamente son insuficientes, tardíos y particularmente limitados por la exclusión de importantes agentes sociales.

Dado el carácter y naturaleza de la sociedad cubana, la jerarquía católica también requiere concesiones para realizar sus labores pastorales-religiosas y sociales, por tanto, su mediación está comprometida por sus propios intereses y crea desconfianzas.

El gobierno cubano sigue aferrado a un sistema decadente, autoritario e intransigente, y renuente a realizar los cambios estructurales y de concepto, así como aceptar la diversidad de opiniones enunciados reiteradamente por el presidente Raúl Castro a partir del 26 de julio del 2007. O sea, sigue envuelto en sus propias disyuntivas y laberinto.

Ver artículo de Rafael Rojas en El País
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Los peligros de la mediación católica en Cuba 21 Jun 2010 04:24 #3270

La mediación reciente de la Iglesia Católica cubana ante el gobierno de Raúl Castro para frenar el acoso a las Damas de Blanco e interceder por los presos políticos cubanos, es definitivamente un hecho sin precedencia en más de medio siglo del régimen castrista, pero la misma interlocución mediadora conlleva peligros.

Nada en Cuba es fácil después de que en el país ha imperado el autoritarismo y el horror de torturas y encarcelamientos contra los ciudadanos que levanten su voz, de corrupción a todos los niveles del aparato administrativo del Estado, y de crímenes abusivos y sucios, como el cometido contra el preso político Orlando Zapata Tamayo.

El tejido social de la nación cubana sigue herido en sus cimientos más básicos, con una familia lamentablemente dividida por el estado opresor, pasando por la limitación de los valores más elementales de la fe religiosa y de la decencia pública, con una juventud decepcionada cuya mirada mayoritaria está fija en el exterior, hasta una desarticulación desastrosa y caótica de la economía del país.

Paradójico que la Iglesia Católica y su cuerpo vivo, que posiblemente sea la institución que más golpes contundentes haya recibido del régimen autoritario castrista en sus cinco décadas de existencia, sea hoy la institución que tenga que cumplir el rol de mediador entre el gobierno y la sociedad civil.

Lo más aconsejable en cualquier mediación es que las partes se sienten juntas a dirimir sus diferencias y conciliarlas con humildad en la mesa de negociación.

Pero puede darse el hecho, como en esta ocasión en Cuba, que la mediación por razones de prepotencia y soberbia de una de las partes, se desarrolla en el marco del tipo ‘ping-pong’, sin todos los actores sentados en la misma mesa y donde el interlocutor salta de un extremo a otro, como un recadero confiable de las partes.

No debemos pasar por alto que la mediación actual de la Iglesia Católica en el tema de las Damas de Blanco y los prisioneros políticos tiene sus antecedentes en dos hechos muy puntuales y graves, que debemos conocer:

*El primero antecedente no tuvo respuesta del régimen castrista, y fueron las cinco notas y solicitudes de la Iglesia Católica para visitar al preso político en huelga de hambre, Orlando Zapata Tamayo. Lamentablemente Zapata murió en condiciones deplorables de tortura y abandono. Y el régimen desoyó los pedidos del catolicismo.

Este asesinato de Zapata Tamayo conmovió la conciencia universal del mundo libre y provocó lo que podríamos denominar el fin de la impunidad del régimen castrista.

A partir de entonces, el régimen castrista se vio profundamente debilitado y fuertemente criticado por todo el espectro del escenario político internacional: izquierdas, derechas, verdes, democristianos, liberales y ciudadanos del mundo libre.

*Por eso cuando ocurre el segundo antecedente de la mediación católica, que son los continuos actos deleznables de repudio contra las Damas de Blanco en la Iglesia de Santa Rita - recordemos que el último bandazo cobarde de las turbas oficialistas duró sietes horas - la Iglesia Católica solicitó una aclaración inmediata de los hechos y se produce entonces la reunión entre el cardenal cubano Jaime Ortega Alamino y el gobernante Raúl Castro, que da inicio a la mediación que analizamos.

A este antecedente ya se había sumado la huelga de hambre solidaria del licenciado Guillermo Fariñas exigiendo la libertad de los presos políticos enfermos.

No podemos negar que algunos han visto con desconfianza la mediación católica, que sólo se explica por el logro de alcanzar objetivos morales superiores y por la maravillosa visión salvífica de la Iglesia que considera a los no creyentes, como parte del Cuerpo Mísico de la Iglesia.

Por suerte, estos logros aunque pálidos y minúsculos para ciertos sectores, o primerizos para otros, ya son palpables con la libertad del preso político Ariel Sigler Amaya, el cese de los actos de repudio contra las Damas de Blanco y el traslado de doce reclusos a sus provincias de origen.

El presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Cuba, monseñor Emilio Aranguren declaró, aclarando algunas críticas de exclusión por parte de sectores católicos, que los líderes de la Iglesia Católica no se sienten como los únicos para estar presente en este tipo de mediación.

Con la visita a Cuba del arzobispo Dominique Mamberti, para presidir la Semana Social Católica y celebrar los 75 años de las relaciones diplomáticas entre los estados de Cuba y la Santa Sede, el Vaticano insiste en estar presente para suavizar el escenario autoritario y sin libertades ciudadanas en Cuba, y no titubea en apoyar el papel mediador de la Iglesia católica cubana ante el Gobierno de Raúl Castro, cuyo objetivo inmediato es impulsar la liberación de los presos políticos, dando prioridad a los presos enfermos, y garantizar un trato humano a las Damas de Blanco.

La Iglesia Católica no debe olvidar en ningún momento que Cuba vive bajo un régimen opresor de larga duración y su misión mediadora debe ir encaminada a dar voz a los sin voz, libertad a los oprimidos y reducir la crispación y el desencanto de la población cubana, para que todo este evento sirva de preámbulo a una reconciliación nacional y a una transición hacia la democracia en Cuba.
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