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TEMA: Valoraciones sobre una prohibición

Valoraciones sobre una prohibición 12 Jul 2019 16:26 #11032

  • Pedro Corzo
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Los beneficios del intercambio cultural con el régimen castrista van mas allá de las ganancias que esas actividades económicas puedan generar a la dictadura o la injusticia que artistas y creadores exiliados no puedan actuar en el país que los vio nacer.

Esa exclusión es parte substancial de la política de un sistema totalitario que se ha caracterizado por negarle los derechos naturales al individuo que piensa por sí mismo y actúa consecuentemente con sus convicciones.

La censura en un régimen totalitario es contra la creación y el creador; está dirigida a manejar la información con el propósito de que el receptor, dentro o fuera de la isla, siga influenciado por el pensamiento oficial. Esa colonización cultura cuando es extendida, como se aprecia en la actualidad en los temas cubanos, favorece políticamente al régimen, que es en realidad el objetivo.

El control sobre la creación es clave para el castrismo. ¿Acaso no se recuerda que muchos cubanos fueron a prisión por escribir obras contrarias al pensamiento oficial, a la vez que se vedaban películas, libros y canciones con un rigor más estricto que el Índice de Libros Prohibidos de la inquisición española? La quema y prohibición de libros en las bibliotecas no fueron un simple espectáculo, eso es parte de la receta absolutista y de una campaña de acondicionamiento que nunca termina y que se extiende a todas las formas del arte y de la creación.

Tengamos presentes que escuchar o poseer una copia de una obra de artistas cubanos como Celia Cruz, Olga Guillot y Álvarez Guedes, entre otros, terminaba con un viaje gratis a la jefatura de la policía y ser fichado como “elemento contrarrevolucionario”.

La prohibición se extendía a autores extranjeros como Los Beatles. El monumento a John Lennon es parte de la doble moral del castrismo que tantos compatriotas en Cuba y en el exterior imitan con devota religiosidad, en ocasiones, porque ignoran que el objetivo verdadero del régimen es exportar su “memoria creativa” porque a través de ella sigue colonizando a quienes a pesar de haber dejado el país continúan añorando ciertas experiencias de sus vidas que están profundamente ligadas, quizás no conscientemente, al absorbente proceso que les tocó vivir.

Esa nostalgia no es rara. Es normal que se recuerde la música que primaba cuando se era más joven o se tenga fresca en la memoria sucesos de los que se formaron parte. A las personas de otras generaciones le sucede lo mismo, recuerdan y evocan a la Cuba que abandonaron, la diferencia es que la dictadura usa el cordón umbilical de la memoria para obtener beneficios políticos al influenciar la conducta y decisiones de aquellos que olvidaron los pasados sufrimientos y abusos padecidos.

El síndrome de Estocolmo, la persona secuestrada o herida se identifica positivamente con su agresor, tiene su variante cubana en la dependencia que muchos compatriotas, incluidos individuos que se oponen sinceramente al sistema, quedan sujetos al “amargo encanto del castrismo”, realidad de la que los laborantes de La Habana están conscientes y manipularan siempre que les sea posible.

La censura y el control de los medios es muy importante para la dictadura, tampoco lo es menos el monopolio de las actividades culturales, de ahí el interés del régimen de controlar a los artistas por medio de decretos como el 349 y otras medidas similares aprobadas con anterioridad.

El hecho que en Cuba no se pueda escuchar en las ondas radiales insulares un intérprete cubano de esta orilla es equivalente a que no se puedan adquirir libremente las novelas y ensayos de Carlos Alberto Montaner y José Antonio Albertini o los libros de historia de Enrique Ros, Juan Clark y Enrique Encinosa.

Los resultados del cambalache cultural le aportan a la dictadura beneficios intangibles que superan ampliamente los monetarios, porque a través de esas relaciones, extiende su influencia más allá de sus fronteras, a la vez que genera conflictos de los cuales siempre sale beneficiada por su habilidad para aprovechar los espacios de libertad y derechos que otorgan las democracias.

Pedro Corzo
(305) 498-1714
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Valoraciones sobre una prohibición 11 Jul 2019 15:50 #11028

Excelente y muy ponderado análisis de Miguel Saludes, con argumentos razonados y certeros. Su enfoque es tan completo que hay muy poco que añadir.

No obstante, me atrevo a subrayar que esta reacción contra los artistas cubanos que son percibidos como simpatizantes del régimen que le ha impuesto al pueblo cubano una dura y prolongada tiranía, coloca a los opositores en un nivel de intransigencia que no corresponde en el ambiente democrático en que se desenvuelven. Aunque no hay comparación posible entre los que se inclinan convenientemente ante una dictadura y los que han sido sus víctimas y luchan por que su pueblo se libre de ella, este tipo de prohibiciones y obstáculos contra aquellos que piensan distinto o tienen un carácter servil, colocan a quienes los promueven a su mismo nivel.

Se trata de que no nos dejemos infectar por el síndrome del autoritarismo dictatorial para proceder, al menos en ciertos aspectos, al mismo nivel de aquellos que atentan contra los derechos humanos y las libertades fundamentales de su pueblo.

Quienes viven "en tierras de libertad" deben proceder con la mente abierta, esgrimiendo sólo las armas de la razón y procediendo con un propósito de entendimiento, diálogo y transacción. Debemos ser conscientes que el dictador, su camarilla inmediata y sus miles de testaferros y esbirros son en su conjunto el único enemigo de los pueblos que avasallan y condenan a la miseria. Los demás, incluyendo a los obsecuentes y serviles, son sus víctimas. No los convirtamos también en enemigos.
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Valoraciones sobre una prohibición 10 Jul 2019 17:45 #11027

La cancelación del concierto de tres cantantes cubanos de música urbana en Hialeah pone una nueva nota en el clima tensionado de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba desde que el gobierno de Donald Trump implementara un conjunto de medidas contra la Isla. La actuación de Jacob Forever, Señorita Dayana y el Micha estarían enmarcadas en las celebraciones del Día de Independencia, a efectuarse en un sitio que ha pasado a tomar el relevo de denominación como ciudad de los cubanos en la diáspora.

En este caso, el acto revocatorio se basa en una campaña desplegada en Miami que busca anular la continuidad del proyecto conocido como intercambio cultural y que hasta el momento ha beneficiado fundamentalmente a artistas provenientes de la ínsula. En la cancelación de marras influyó fundamentalmente la opinión emitida por voces del exilio, entre ellas la de Orlando Gutiérrez Boronat y un grupo de ex presos políticos, según revela una nota emitida por la propia alcaldía de Hialeah.

El reguetonero cubano Yosdani Jacob Carmenate, además de lamentar la decisión, aclaró que ninguno de los que resultaron vetados viven en Cuba y que son residentes en Estados Unidos desde hace tres años al menos. Sin ser fan de estas corrientes urbanas, me siento extraño haciendo un gesto en favor de los exponentes de este tipo de música cuyo concierto ha sido vetado. Pero permanecer en silencio cuando de prohibiciones de este tipo se trata no es mi opción. Reales o no, los presupuestos utilizados para suspender el concierto, y el hecho en sí mismo, suponen un acto que tiene que ver poco con libertades y derechos de quienes quieren asistir a la presentación de estos artistas. Para Forever no sería una situación novedosa. En ocasión del Festival de la Calle Ocho el pasado marzo el reguetonero tuvo que interrumpir su actuación en pleno escenario porque alguien tomó la decisión de dar por concluida la misma. La policía puso la nota final desenchufando los cables del sistema de audio.

Alegaciones a favor y en contra no han tardado en producirse en medio de esta comunidad nutrida de cubanos con una variopinta gama de opiniones. Una apunta a un pullover con imagen del Che con el que aparece Forever en una foto. Otra lo hace sobre lo que considera el “compromiso de estos artistas con el gobierno castrista” considerando como tal el hecho de que asistan a actividades programadas por aquellos o que eviten enrolarse en una militancia que deje en claro su postura hacia el régimen cubano. Por su parte el propio Alcalde de Hialeah apuntó ante las cámaras de un noticiero local, el trasfondo político de esta acción; en la que señala la participación de rivales envueltos en una próxima campaña electoral en busca de puestos en el gobierno de la ciudad. Incluso el propio Hernández dejó entrever en su alegato que la medida ha sido tomada a su pesar. Frente a estas declaraciones no faltan las que con razón señalan el derecho que les corresponde a los suspendidos como ciudadanos plenos que pagan sus impuestos en Estados Unidos, lugar del que indudablemente forman parte por su residencia.

El fuego abierto contra el gesto cultural inaugurado por la administración Obama, se fundamenta en que el mismo solo se verificaba en un sentido. ¿Pero es esto realmente lo que influye en el ánimo rupturista? Hechos al margen no lo hacen creíble. Hace pocos meses fue cancelado el concierto de la cantante española Pastora Soler por haber estado en Cuba y participar en un almuerzo patrocinado por Mariela Castro. Aquella cancelación contó con el protagonismo de los mismos que hoy apelan contra la actividad en Hialeah. El asunto es que Pastora Soler no formaba parte de ningún un tipo de intercambios. Una postura que encuentra su símil en actitudes parecidas en tiempos no tan pretéritos, contra artistas que actuaron en Cuba. Curiosamente se corresponde el talante con el que en la orilla opuesta se procedió contra autores que en su momento discreparon con el régimen o simplemente se personaron en lugares no gratos para La Habana; el Chile de Pinochet por poner un ejemplo.

Una voz de peso en el debate en torno a esta situación llegó en un comentario de Alexis Valdés, a quien admiro y respeto desde hace mucho tiempo por su calidad artística y humana. En opinión del humorista el intercambio cultural ha sido un fraude que no se corresponde con la idea de osmosis que debió generar entre ambas orillas. Si bien aclara no estar en contra del libre tránsito por el mundo que merecen los artistas del patio; su desacuerdo va en el hecho de que este “libre tránsito” sea en una sola dirección, calificando este hecho como injusto, tramposo y como una estafa. Frustración manifiesta que deja traslucir cuando menciona el caso del actor Orlando Casín, recientemente fallecido y que como otros tantos nunca pudo regresar a su tierra natal. Penosa realidad que ha tocado a muchas personas, ni siquiera con renombre, envueltas en la misma amarga experiencia. Pero responder con el cierre de puertas a quienes ahora pueden transitar por una de las vías, además de improcedente, tiene el defecto de no contribuir al arreglo de todo el problema, que es lo que se quiere. Más bien contribuye a crear mayores discordias en una historia que necesita ser cambiada de raíz.

El intercambio cultural, por renco que fuera, al menos dejaba abierta esa posibilidad de libre flujo hacia un lado y la ventana abierta para reclamar la normalización de la vía aún por abrir en el otro sentido. Es en ese sitio donde habría que dar la batalla y no en el de las prohibiciones y cierres. Tomarla con la gente que viene de Cuba es en cierta forma asumir igual actitud prohibitiva aplicada por el gobierno de la Isla cuando en su momento dejó de poner cantantes que no cumplían con el estándar ideológico o cuando censura a quienes por naturaleza no debieran ser impedidos de acceder a su patria de origen. En definitiva se trata de que los cubanos puedan entrar y salir libremente de su país.

El propio Alexis Valdés fue diana de una campaña destructiva basada en acusaciones que ubicaban en la capital cubana el rodaje de algunas secuencias de su filme Un rey en La Habana. O aquella lanza que el humorista tuvo que romper en favor de la cantante boricua Olga Tañón, atacada por su participación en el concierto Por la Paz celebrado en La Habana. Acciones todas que no merecen respaldo alguno y menos justificación, en las que algunos medios suelen englobar como responsables a todo el exilio cubano pero que en verdad no puede atribuirse a todos los cubanos que viven en Estados Unidos, o en el mismo Miami. El exilio diverso, con ideas diversas, que compone la nutrida diáspora cubana, impropiamente ha sido politizado dentro de un bloque monocolor. Un error en el que se incurre gracias a la manipulación ejercida en virtud a leyes como la de Ajuste cubano y la de Pies secos, por cuya aplicación algunos encargados de la política sostienen enfáticamente que todos los que vienen de Cuba son anti castristas, aunque ellos no lo sepan. Cuando la realidad asoma por su propio peso entonces acuden a las medidas restrictivas enarbolando el justificante del estatus político que deben sostener quienes han querido emigrar a esta parte no solo por realidades políticas. A esto hay que añadir el sentido que adquiere el hecho de que presiones efectuadas por grupos de exiliados y algunos ex presos políticos sean vistas como la opinión dominante y única de una comunidad de emigrados. Una imagen engañosa que no se corresponde con la verdad y que coloca a esa colectividad en la encrucijada de una especie de totalitarismo.
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