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¿Por qué triunfa el Foro de São Paulo en su intento por imponer un modelo dictatorial? 22 Jun 2022 21:45 #12036

  • Julio M. Shiling
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Colombia tiene ahora un presidente comunista.
Petro fue uno de los primeros insurgentes marxistas
en atender el llamado de Castro

La historia de la subversión marxista en el hemisferio occidental, comenzó en 1919. El golpe de Estado bolchevique en Rusia, significó el comienzo de una guerra comunista global por el poder político. A pesar de los éxitos de la Internacional Comunista (Comintern) y de la inteligencia soviética en la desestabilización de los regímenes democráticos en toda América, incluyendo la penetración en instituciones tan importantes como la de varias administraciones presidenciales americanas, las victorias en el hemisferio occidental fueron, en su mayoría, escasas. La revolución castrocomunista impulsó el expansionismo socialista de una manera sin precedentes después de 1959. Irónicamente, no fue hasta la caída del comunismo soviético, treinta y dos años después, que el despotismo socialista comenzó a florecer realmente en América Latina.

Desde 1959 hasta 1990, a pesar de una de las campañas más completas de insurgencias comunistas llevadas a cabo en cualquier parte del mundo, tanto rural como urbana, el resultado de la guerra del comunismo contra el orden existente fue un fracaso flagrante. Ningún país de América Latina se salvó del ataque marxista. Sin embargo, no hubo ninguna dictadura socialista en el poder, excepto en Cuba, cuando cayó el comunismo soviético.

Las razones del éxito de la libertad para derrotar los intentos marxistas de derrocar gobiernos o hacer retroceder a los regímenes socialistas que llegaron al poder (República Dominicana, Chile, Jamaica, Granada, Nicaragua) fueron claras. Las fuerzas públicas, incluyendo el ejército, la policía y los servicios de inteligencia (nacionales y extranjeros), hicieron un trabajo magnífico para impedir la formación de dictaduras comunistas y/o desarraigarlas. Otro factor importante fue una cruzada moral e ideológica bien aderezada para desbaratar la propaganda socialista a lo largo de esas tres décadas.

La caída del Muro de Berlín provocó la mutación del comunismo. El comunismo asiático, ese mejunje de Estado leninista con economía mixta y practicado en China y Vietnam, se solidificó en la masacre de la Plaza de Tiananmén de ese mismo año. El régimen ruso post-soviético dio lugar a una cleptocracia. Utilizó esquemas de “privatización” para empoderar a antiguos oficiales comunistas y de inteligencia para establecer una dictadura a la que muchos se refieren hoy como putinismo.

El marxismo cultural, una adaptación moderna de la praxis marxista que eliminó la economía y la sustituyó por la cultura como determinante principal en la construcción de la conciencia de las masas y la confección de la revolución (violenta o no violenta), ha sido el camino posterior a 1989 hacia el poder en las democracias occidentales establecidas. Un cuarto modelo, totalmente relevante en América Latina, se estableció en el Foro de São Paulo (FSP) en 1990.

Incapaz de acceder a los abundantes recursos de la Unión Soviética para financiar las guerras beligerantes comunistas por más tiempo, el régimen de Castro estaba decidido a rescatar el socialismo en América Latina y continuar su promoción. El extinto tirano cubano recalibró la estrategia y desarrolló un prototipo dictatorial que pudiera adaptarse a las circunstancias. Esto requería un cambio metodológico.

Las insurgencias se llevarían a cabo ahora mediante protestas y disturbios masivos, huelgas laborales, interrupciones del transporte y de los servicios públicos, y otros modos violentos de discurso social, todo ello canalizado para producir crisis. Los insurgentes marxistas, siguiendo el modelo de poder del FSP, debían competir en las elecciones como “demócratas”. Si o cuando ganaran, se iniciaría un proceso de deconstrucción sistémica. Esta era la versión del siglo XXI de una revolución socialista.   

El revisionismo constitucional, la castración del poder judicial, la fusión del Legislativo con el Ejecutivo, la asfixia de los medios de comunicación y la conversión de los empresarios en cortesanos del régimen era el plan general. El elemento táctico más importante del plan de juego autocrático del FSP era cooptar o defenestrar a las fuerzas armadas. Esto tenía su lógica. El preludio del mecanismo del FSP se experimentó por primera vez en Chile, en 1973.

Salvador Allende siguió el mismo camino furtivo hacia el socialismo que el esquema de Castro de 1990. Resultó, sin embargo, que el líder militar que el marxista chileno colocó como jefe de las fuerzas armadas, el general Augusto Pinochet, frustró el proyecto de la comunización chilena, en lugar de sostenerla. El comunismo cubano no quiso repetir este percance y destacó la priorización de esta estrategia con los militares (cooptar o defenestrar), en su proyecto del FPS.   

En fuerte contraste con la fórmula pre-FSP, desde 1990, catorce naciones han caído al socialismo en América Latina (Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador, Honduras, El Salvador, México, Perú, Chile y Colombia). Seis invirtieron el rumbo (Argentina, Uruguay, Paraguay, Brasil, Ecuador y Honduras) y dos de ellos volvieron a la situación anterior de poder del FPS (Argentina y Honduras).

El principal factor que contribuyó a la mayoría de los países que pudieron liberarse fue la capacidad de los militares de mantener su integridad (Brasil, Ecuador, Paraguay y Uruguay). El caso de Argentina se debió al carácter caníbal de las facciones peronistas que cohabitan en las instituciones públicas y a la división política urbana/rural.

Colombia tiene ahora un presidente comunista. Petro fue uno de los primeros insurgentes marxistas en atender el llamado de Castro para adoptar la metodología del FSP. El éxito del modelo del Foro de São Paulo no reside en la brillantez de los comunistas, sino en la estupidez de los demócratas continentales. Siguen creyendo en estos terroristas disfrazados y no han elaborado una política eficaz para enfrentar esta nueva variante de la subversión socialista. Por ahora, dependerá del éxito de los militares colombianos resistir el intento de neutralizar su capacidad de defender al país. Ellos son ahora los guardianes pretorianos de la libertad.  
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