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19/08/2022
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A propósito del XVI Domingo del Tiempo Ordinario.

                             Por el Padre Alberto Reyes Pías, sacerdote cubano.

                                               Evangelio: Lucas 10, 38 42.

He estado discutiendo con mi mente. El Evangelio de hoy llama la atención sobre algo que, en realidad, conocemos muy bien: que cuando no nos damos tiempo para Dios, se deteriora el tiempo con nuestros hermanos.

Sabemos que cuando se descuida el diálogo con Dios, la vida se vuelve agitación, preocupación, inquietud y dispersión; intentamos estar en mil cosas a la vez y, en consecuencia, nos volvemos hipersensibles y descargamos nuestro malestar con la primera víctima que pasa por nuestro lado. Sin darnos cuenta, nuestra falta de armonía interior nos vuelve contra todos y contra todo.

¿Y yo qué puede hacer sino invitar a elegir tiempos con Dios, a romper la vorágine diaria para sentarnos un rato a los pies del Señor y digerir la vida? Pero mi mente se ha rebelado y me ha dicho: Será inútil. Te leerán, lo entenderán, estarán de acuerdo contigo y seguirán disparados como flechas en un mundo que los sumerge. Se han acostumbrado a vivir sumergidos, se quejan, dicen que necesitan tiempo para Dios, pero no hacen nada por sentarse serenamente en la superficie.

Todo eso me ha dicho mi mente, y hemos discutido, porque yo le he dicho que tal vez pueda ser diferente. Pero mi mente hoy se ha levantado guerrera, y me bombardeado de razones. ¿No te das cuenta me ha dicho- que se han habituado a posponer, que viven en el hoy no, pero mañana sí? Posponen todo, no sólo el diálogo con Dios, posponen el diálogo con sus familias, posponen el descanso, posponen los planes que dicen que aman, posponen proyectos que miran con cariño desde hace años, posponen incluso disfrutar las pequeñas cosas del hoy. Posponen la felicidad.

Huy, sí, la discusión con mi mente ha sido seria, pero al final le he dicho que la entiendo pero que no tengo intenciones de hacerle caso, que para tu gusto le he dicho- yo también a veces pospongo lo importante, a veces me meto en mil cosas y ni siquiera me cuido, pero también es cierto que día a día intento no rendirme y busco mis ratos para estar a los pies de mi Señor. Y que a pesar de que puede ser que ella tenga algo de razón, y alguien me lea, me entienda, esté de acuerdo conmigo y siga disparado como flecha en un mundo que los sumerge (tengo que reconocer que mi mente a veces se pone sofisticada la pobre) pues también creo que igual alguien leerá, y pensará, y sentirá que tiene más fuerzas para parar y liberarse del estilo non-stop en que ha ido metiendo su vida.

Así que tú, mente mía, dime lo que quieras, pero yo no voy a dar por sentado que tienes razón, no voy a dejar de invitar a salir del estilo non-stop, no voy a dejar de creer que sí es posible aprender a parar y a elegir la mejor parte, esa que da serenidad y armonía porque nace de la escucha de la Palabra del Señor.