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A pesar de la noche.

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Por el Padre Alberto Reyes Pías, sacerdote cubano.

Hay momentos en la vida en que parece que todo se desmorona, que todo esfuerzo es inútil y que, por mucho empeño que se ponga, no se logrará nada.

Después del 15 de noviembre, nuestro espíritu se ha desplomado. De un lado, la brutal represión desatada desde el 11 de julio, sumada a la hipersensibilidad de los mecanismos de control estatal, a los procesos sin justicia ni posibilidad real de defensa, a las desproporcionadas condenas a los manifestantes y a las deportaciones forzosas, han hecho crecer nuestra sensación de indefensión e impotencia. De otro lado, el favorecimiento de una nueva estampida migratoria ha reforzado la idea de que es mejor escapar que luchar.

Sí, parece que la esperanza agoniza, sometida por las maldiciones de siempre: “esto no hay quien lo cambie”, “aquí no se puede hacer nada”, “esto no hay quien lo arregle…”

Pero la esperanza es una especie rara, que sin que sepamos cómo, se auto revitaliza, se reconstruye, y poco a poco, se levanta del golpe que ha intentado derrotarla, dispuesta una vez más a invocar la luz.

Llámese comunismo, socialismo, castrismo o lo que sea, por muy poderoso que haya sido y que aún pretenda ser, el “sistema cubano” caerá, sobre todo por una razón: ahoga la libertad, y el ser humano está hecho constitutivamente para la libertad. Tanto es así, que el mismo Dios Creador la respeta, y permite que sus criaturas humanas lo rechacen, aunque con ello hagan mal uso de su libertad. No podemos vivir sin libertad. El miedo, la represión, el instinto de supervivencia… pueden hacer que nos sometamos o finjamos hacerlo, y pueden pasar años, pero el fuego de la libertar es inextinguible, y permanece, y a su debido tiempo, se manifiesta.

Ciertamente es triste la miseria humana del alma de este pueblo. Es penoso el apoyo a la opresión de aquellos que ya tienen prevista su fuga, o de aquellos que sobreviven gracias a las ayudas de los que han huido antes que ellos; es doloroso que haya energías para reclamar billetes de avión pero no para solidarizarse con los que están en prisión o siendo condenados por el “delito” de haber reclamado la libertad que todos anhelamos; es deprimente la rapidez con la que se comparte el desaliento y se invita a desistir a aquellos que todavía, contra viento y marea, siguen soñando con una Cuba diferente.

Pero yo sé que el alma de este pueblo tiene también dignidad y luz. Decía Rabindranath Tagore: “Del alba al anochecer, espero, sé que llegará el momento en que veré”. Sí, hoy nos rondan las sombras, pero yo sé que del alba al anochecer somos muchos los que seguimos creyendo en un futuro de libertad, también para los que nos oprimen; yo sé que del alba al anochecer hay mucha gente que se niega a abandonar la lucha; yo sé que del alba al anochecer hay mucha gente que está haciendo lo posible para que un día amanezca el sol sobre una Cuba sin cadenas, y que llegará el momento en que veremos que todos aquellos esfuerzos que hoy nos parecen inútiles, eran los esfuerzos que estaban moviendo montañas, aunque nosotros éramos incapaces de saberlo.

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