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19/01/2020
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Daniel Ortega, solo

Mientras los espacios democráticos en Nicaragua no se restablezcan, la crisis política no tendrá solución

“Más de la mitad de los presos eran sandinistas”, me dijo Benjamín Siles quien siendo antisandinista de toda la vida estuvo como preso político de Daniel Ortega durante siete meses, por apoyar desde su pequeña localidad en el centro de Nicaragua la insurrección popular que dio origen a la crisis que empezó en 2018.

Desde una perspectiva más académica, el politólogo José Luis Rocha destaca en su libro, Autoconvocados y conectados, que trata sobre la participación de la juventud en esa insurrección, que el primer rasgo en el perfil de los “jóvenes más visibles en la revuelta son sus raíces o incluso su militancia sandinista”. Si algo ha quedado claro entonces en estos casi dos años de crisis, es el aislamiento internacional del régimen de Ortega, pero también nacional, al extremo que se ha acuñado el término “orteguista”, para diferenciarlo del sandinismo.

Muchos en España y en países latinoamericanos recuerdan y entonan los versos del Cristo de Palacagüina, de Carlos Mejía Godoy. Exiliado en Costa Rica, el cantautor compone y canta al pueblo nicaragüense que llenaría, si no hubiese represión armada, calles y plazas para reclamar democracia. Y el sacerdote y poeta Ernesto Cardenal, con la misma barba y melena blanca, cotona campesina, boina guevarista, y que a sus 94 años enlaza la épica revolucionaria con la épica democrática, escribió al expresidente de Uruguay, José Mujica, diciéndole que “Ortega y Murillo, no pueden seguir encontrando legitimidad en los movimientos de izquierda a los que con sus actos sin escrúpulos han traicionado”.

Sergio Ramírez, también de la épica revolucionaria, al recibir el Premio Cervantes en abril de 2018, cuando recién había estallado la crisis, inició su discurso diciendo: “Permítanme dedicar este premio a la memoria de los nicaragüenses que en los últimos días han sido asesinados en las calles por reclamar justicia y democracia, y a los miles de jóvenes que siguen luchando, sin más armas que sus ideales, porque Nicaragua vuelva a ser República”. Y la reconocida escritora Gioconda Belli, otra sandinista histórica, escribió un desgarrador poema, La verdad encarcelada, sobre las decenas de presas políticas en las cárceles de Ortega.

El general en retiro Humberto Ortega, fundador del Ejército, y miembro de la antigua Dirección Nacional del FSLN, y al otro lado de Benjamín Siles, publicó un manifiesto demandando libertad para los presos políticos, con lo que también ilustra la vastedad de la oposición a Ortega. Una oposición diversa, de diferentes procedencias políticas, clases sociales y edades, pero unida en la demanda democrática.

Enlace al artículo completo: El País