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18/12/2018
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Duele la actual España

Alberto García Marrder
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España se encamina a un futuro incierto de mano de partidos izquierdistas que la llevan a un caos político y a la inestabilidad que representan los separatistas catalanes. El socialista Pedro Sánchez, actual presidente del gobierno español, está maniatado (y chantajeado) por el partido Podemos (de ultra izquierda) y los grupos separatistas catalanes a quienes debe su mayoría parlamentaria para seguir en el poder.

Sánchez no ha sido elegido por el pueblo español, ostenta el cargo gracias a una moción de censura contra el anterior presidente de gobierno, Mariano Rajoy, del Partido Popular (PP), de derecha. El líder del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) casi co-gobierna con Pablo Iglesias, el máximo dirigente de Podemos, quien le reclama aumentos presupuestarios (supuestamente con fines sociales), lo que impulsará un mayor incremento del déficit, ya de por sí alarmante.

Y Sánchez hace la vista gorda a los delirios separatistas de los partidos separatistas catalanes, que gobiernan Cataluña y luchan por la independencia de esa rica región del noreste. El PSOE solo tiene 84 diputados en el congreso de 350 y necesita los votos de Podemos y diversos partidos catalanes y vascos, que le hacen pagar muy caro su apoyo parlamentario.

Y, encima, Madrid y Barcelona están gobernadas por alcaldesas de izquierda (Manuela Carmena y Ada Colau) de partidos ligados a Podemos. Los partidos de oposición, el PP y Ciudadanos (centro) siguen de cerca los desmanes de Sánchez y mantienen una política de desgaste del gobernante socialista para que convoque unas elecciones generales.

Lo que pasa es que el PP, liderado ahora por Pablo Casado, arrastra un historial de corrupción y el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, no da aún la imagen de estar preparado para presidir el gobierno. Los bandazos y pasos en falso de Sánchez son aprovechados por la prensa y la oposición para criticarlo despiadadamente.

Un ejemplo. Acaba de estar de visita oficial en Cuba, sin reunirse con los disidentes cubanos y que solo ha servido para darle una legitimidad al nuevo presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, nombrado a dedo por Raúl Castro. Desde su puesto de Primer Secretario del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, el hermano menor de Fidel Castro vigila que no corra peligro la esencia de la revolución cubana.

Pues bien, mientras Sánchez hacia un recorrido turístico por la Habana Vieja, al lado de Díaz-Canel, le metían un gol en Bruselas sobre Gibraltar, con motivo de la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE). Gibraltar, una colonia británica en la punta sur de España y la puerta del Mediterráneo, es un tema sensible para España que nunca ha renunciado al reclamo de su soberanía.

Mientras Sánchez estaba en La Habana brindando con mojitos, Theresa May, la Primera Ministra del Reino lograba cambiar cierto artículo sobre Gibraltar en el Tratado oficial de salida de la Unión Europea.

De nada sirvió la pataleta de Sánchez, siempre desde de La Habana y no desde Bruselas, de que iba a vetar el acuerdo final de los 27 países de la UE con Londres, si no se modificaba ese artículo sobre Gibraltar.

Para contentarlo, tanto la UE y el gobierno británico emitieron breves comunicados dando cierta y esquiva razón a España, que no tiene ninguna validez legal y es puro papel mojado en un futuro.

Ante esta situación inestable e incierta en España, solo se puede parafrasear al intelectual español Miguel de Unamuno, con su “España duele”. Y lo dice uno que tiene a Madrid como su segunda casa y que ha pasado toda su vida profesional como periodista vinculado a España.

Publicado en El País//Honduras