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15/11/2018

Atilio Borón frente al probable triunfo de Bolsonaro

El trabajo del conocido publicista argentino que analizalas elecciones presidenciales de Brasil contiene afirmaciones arbitrarias

LA HABANA, Cuba.- Ayer, en otro artículo colgado en CubaNet, aludí a la censura ejercida por los castristas contra un trabajo de Atilio A. Borón. En este nuevo escrito cumplo con el ofrecimiento que hice entonces de referirme a los argumentos esgrimidos por ese destacado teórico de las izquierdas carnívoras latinoamericanas en su trabajo “Bolsonaro: tres hipótesis y una sospecha”.

El mencionado candidato presidencial brasileño alcanzó una clara victoria en la primera vuelta y se encamina ahora —según todo indica— a repetir su éxito el venidero domingo en la votación decisiva. Pero, como cabía esperar, el teórico argentino, lejos de mostrar aprecio por el personaje, afirma de él que “durante casi 30 años jamás había salido de los sótanos de la política”, y llega al extremo de calificarlo como “un psicópata impresentable”.

La primera de las tres hipótesis de Borón apunta hacia el Partido Trabalhista (PT): el de Lula y Dilma. Al respecto, señala que la victoria del polémico candidato contrario es la que permitiría “acabar definitivamente con el legado de los gobiernos del PT y sus aliados”. Los mismos que, según “los voceros del establishment”, instauraron “la corrupción y la demagogia”.

La segunda, señala “la falta de educación política de las masas”, que las hace valorar “el llamamiento al orden y la apelación a la ‘mano dura” como “propuestas sensatas y razonables”. Aquí Borón —por supuesto, con otra terminología— menciona el error de los “socialistas del siglo XXI” al creer que el hecho de “sacar de la pobreza a millones de familias” llevaría a éstas a engrosar su clientela política en forma masiva y permanente.

La tercera hipótesis se centra en el “papel de los medios hegemónicos en el linchamiento mediático de Lula y todo lo que este representa”. Se trataría de un rol “funesto”, y que se combina —además— con una “justicia corrupta”. Y todo esto —¡faltaría más!— potenciado “por Estados Unidos a través de numerosos programas de ‘buenas prácticas’”.

Al menos cabe agradecerle a Borón que, a diferencia de otros voceros de la izquierda caníbal, no haya hecho hincapié en el supuesto “racismo” de Bolsonaro. Se trata de un planteamiento cuyo solo enunciado genera suspicacia e invita al escepticismo. En un país en el que más de la mitad de la población podría tener alguna proporción visible de sangre africana, el que un político se declare anti-negro resultaría no sólo estúpido, sino suicida.

El pretexto esgrimido para hacer esa campaña es un comentario que hizo el ahora candidato presidencial tras visitar una comunidad de descendientes de cimarrones. La observación poco “correcta” acerca de la extrema obesidad de las personas específicas que vio entonces y la hipotética imposibilidad de ellas para reproducirse, ha sido transformada en una afirmación relativa a todos los afrodescendientes. Una manipulación burda, pero que ha resultado del agrado de los amigos de Borón con menor nivel intelectual.

Sí resulta oportuno destacar que el escritor argentino, como suele suceder entre sus correligionarios, en su trabajo original (no así en la versión mutilada de éste que publicó el periódico Granma), echa mano a los textos sagrados de su secta. Como buen “pericón”, intenta hallar las claves para la política brasileña de hoy en un pasaje de El 18 brumario de Luis Bonaparte, conocida obra del mesías rojo Carlos Marx, referido a sucesos ocurridos en Francia a mediados del Siglo XIX… En verdad, estos comunistas son incorregibles.

Pero donde el desenfreno de Borón alcanza el culmen es en su “sospecha”. Con un desparpajo difícil de igualar y sin tener fundamento alguno que justifique su aprensión, apunta una posibilidad: “que el avasallante éxito electoral de un farsante como Bolsonaro pueda responder, al menos en parte, a un sofisticado fraude electrónico”.

El teórico rioplatense trata —pues— a sus cómplices brasileños como si éstos fuesen un hatajo de minusválidos mentales, incapaces de suponer, detectar o denunciar un vulgar “pucherazo” … ¿Estará poniéndole ideas en la cabeza a Haddad y a su banda de cara a lo que, según todos los indicios, será una clara derrota en la segunda vuelta del próximo domingo?