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24/08/2019
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Columnistas invitados/Guest columnists

BAJO EL IMPERIO DEL NARCOTRAFICO

Ufanas de los logros alcanzados en el curso de la sostenida labor de esfuerzo combinado por parte de distintas autoridades llevada a cabo a través de diversos operativos, se ha podido sanear la provincia de Peravia del control a que estaba sometida desde hace años por parte de once diferentes bandas de narcotraficantes, en su mayoría de carácter familiar.

Esta acción depuradora, según se informa, se habría ejecutado en un término de ocho meses a partir del momento en que el coronel Daniel Ramos Alvarez cayó herido de muerte al encabezar un confuso operativo contra un conocido punto de drogas que operaba en Baní.

Fue  un hecho que estremeció esa laboriosa comunidad, donde al parecer el oficial ultimado gozaba de aprecio, y que dio lugar a diferentes versiones sobre las circunstancias en que se produjo el hecho y la falta de respaldo que recibió  por parte de los integrantes de la patrulla que lo acompañaba.

A resultas de estos operativos se reporta la ocupación de apreciables cantidades de cocaína, marihuana y crack que eran comercializados en  los numerosos puntos de drogas establecidos en Baní y el resto de la provincia Peravia.  Decenas de personas implicadas han sido sometidas y guardan prisión preventiva, en tanto están siendo buscados otros veintidós dados a la fuga, entre estos varios de los principales responsables de los sitios desmantelados.

De más decir que hay que saludar los resultados positivos obtenidos  por las autoridades en el curso esta masiva y sostenida batida.  Sin embargo, es de lamentar que tal como reconocen los puntos de drogas allanados operaban a pleno conocimiento desde mucho antes, y que fuera necesario esperar la trágica muerte del coronel Ramos Alvarez y el ruido provocado por este infortunado hecho para motorizar la acción de las autoridades.

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La epifanía indetenible de la verdad

Jamás voy a arrodillarme ante mis verdugos. Prefiero la cárcel —y hasta la muerte— antes que claudicar en la defensa de mis derechos

GUANTÁNAMO, Cuba. – La solidaridad que ha provocado la injusta y vergonzosasentenciadictada el pasado 7 de agosto por la Sección de lo Penal del Tribunal Municipal Popular de Guantánamo en mi contra, parece ser una señal de que los tiempos en los que el castrismo actuaba con total impunidad, favorecido por el silencio internacional, han terminado.

Estoy muy agradecido a las personas e instituciones —sobrepasan las dos centenas— que me han llamado por teléfono para expresar su apoyo, a quienes han publicado en las redes su denuncia —sabiendo a lo que se exponen— a los medios que me han entrevistado o publicado lo ocurrido, a los colegas que me han llamado o escrito sobre mi caso en CubaNet y otros medios alternativos, en fin, a todos los que me acompañan en este momento difícil pero también de crecimiento.

Como se ha informado, el pasado sábado 10 de agosto la Excma. Sra. Mara Tekach, Encargada de Negocios de la Embajada de los Estados Unidos de América en Cuba, estuvo dos horas y media en mi humilde casa. Quedé gratamente impresionado por su trato sin protocolo —a pesar de su rango— por su interés en conocer mi situación al detalle. Esta mujer que está a la altura de la grandeza de su pueblo, lo primero que me dijo al recibirla frente a mi casa fue que era un honor conocerme. Quedé anonadado, porque en todo caso el honor fue y es mío. Mucho más sorprendido quedé cuando el domingo, al salir de misa, recibí un mensaje en el que volvía a agradecerme por el recibimiento que mi esposa y yo le ofrecimos. Eso refleja mucha nobleza, porque la Sra. Tekach, junto con la joven Mónica Fernández, Encargada de Prensa, viajó más de 900 kilómetros en automóvil para verme. Viaje largo, molesto, difícil debido a su condición de diplomática estadounidense, riesgoso por el estado de las carreteras cubanas y el alto índice de accidentalidad existente. ¡Y encima me agradeció por conocerme!

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The Social Control methods of the Dominican Trujillos and the Cuban Castros

     “For somehow this is tyranny's disease, to trust no friends”―Aeschylus (“Prometheus Bound”)

                       OUTLINE

  1. Preamble
  2. Two Caribbean dictatorships: Dominican Republic and Cuba
  3. A preliminary typology of dictatorships (Authoritarian & Totalitarian)
  4. The Trujillos and the Castros:Eight salient parallels
  5. Other discussion points
  6. Conclusion, for now
  7. Resumen en Español
  8. Notes
  9. Additional bibliographic references
  10. About the author

 

I.          PREAMBLE(2)

    Dictatorships —and their foreign intellectual defenders— have traditionally been studied mostly by historians, politologists, sociologists, philosophers, and even novelists (e.g., Gann, 1985; Hamill, 1965; Hollander, 1997; P. Lewis, 2006; Turits, 2003; Vargas-LLosa, 2000; Wiarda, 1968).  Yet, as a specialist in Legal-Political Anthropology, I have been “fantasizing” about creating the sub-field of the “Anthropology of Dictatorships.”  The discipline’s eclectic comparative and field-based research techniques are distinctively equipped to examine dictatorships in a rather objective fashion.  Unfortunately, too many colleagues miss the point as they seem to romanticize some of these dreadful regimes, Socialist Cuba being the major example.(3)  Nonetheless, this essay is intended as a modest contribution toward the design of the Anthropology of Dictatorships. 

    My primary purpose here is twofold: (a) First, to outline —if barely— some of the most salient similarities vis-à-vis the methods of socio-political-economic control of two notorious insular Hispanic Caribbean dictatorships, one that fortunately disappeared in 1961, and the other that still lingers in existence.  (b) And second, to seek feedback from readers for the sake of improving my future analyses on this topic.

   

II.   A PRELIMINARY TYPOLOGY OF DICTATORSHIPS

    In simple operational terms, and although there are sub-categories according to variations, we can classify dictatorships into two major types for our purpose here:  

(A)Authoritarian: often intended (or pretending) to be of a relatively temporary duration, usually with a rather vague ideology, little mass mobilization, and limited interference in the economy.  

(B)Totalitarian: that aims to exercise absolute, centralized control over the country’s inhabitants; i.e., to virtually convert the whole country into what sociologists call a total institution <www.thefreedictionary. com/Totalitarian+dictators>.  

    Yet, some dictatorships, such as that of the Trujillos in the Dominican Republic (D.R.), have been routinely classified as authoritarian.  But, as I have been arguing in previous writings, upon close analysis the Trujillos’ dictatorship resembled more the totalitarian genre.  At the same time, certain so-called revolutionary regimes, such as that of the Castro family in Cuba, are too often portrayed in the media, academia and Hollywood as “liberating,” when au contraire, they belong in reality to the totalitarian genre. 

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REPÚBLICA DOMINICANA: LA DROGA PLANTADA

La reveladora escena que quedó grabada en la cámara instalada en la barbería de Villa Vásquez donde tuvo lugar el suceso, el testimonio de la persona a la cual se le pagó para plantar la droga, el trabajo de campo de investigación llevado a cabo por Bolívar Sánchez, Inspector General de la Procuraduría, la inmediata renuncia de la ex fiscalizadora Lisett Núñez para evitar el juicio disciplinario y como colofón su frustrado y precipitado propósito de salir del país en lo que a todas luces semejó un intento de fuga, constituyen un abrumador fardo de sospechas  contra ella y de pruebas incriminatorias contra los cinco agentes de la DNCD   que protagonizaron el hecho cancelados y sometidos a la justicia. Por determinar y dar a conocer el motivo específico y la víctima escogida que motivó su acción.

Ahora bien.  No hay por qué escandalizarse como si se tratase un hecho aislado y la primera vez que ocurre, y no por el contrario una práctica frecuente y frecuentemente denunciada, en algunos casos con la evidencia concluyente de un  revelador testimonio fílmico tal como ocurrió  en el publicitado caso de Moca, cuando a un destacado activista social le plantaron drogas en su automóvil. 

A lo anterior se suma las muchas ocasiones en que los medios de prensa y redes sociales se han hecho eco de denuncias comunitarias de presunta complicidad de los agentes antinarcóticos y policiales para brindar protección a puntos de drogas con el fin de que puedan realizar sus operaciones ilícitas a cubierto de riesgos  a cambio del pago de peaje que dependiendo de su nivel de venta puede resultar en cantidades sustanciosas.

Es una acusación que por reiterada pasa sin dejar huella ni promover aclaración ni desmentido, y que en gran parte se sustenta por el hecho de que las propias autoridades la alimentan en la medida en que afirman que en el país hay 30 mil puntos de drogas, lo cual supone que las han contabilizado para lo cual también es de suponer que saben donde se encuentran, y que por consiguiente motivan a preguntar si saben cuantas son y donde están ubicadas por cual razón no han sido desmanteladas y sometidos los responsables, y en cambio continúan operando como si tal.

Pero la práctica deshonesta de  apelar al abusado procedimiento de generar falsos positivos a base de plantar drogas con fines incriminatorios no es exclusiva de los agentes supuestos perseguir y someter a los traficantes.  Ocurre también desde siempre en el caso de la Policía, aunque bajo otra modalidad no menos ilegal.

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Quiñones Haces, periodismo libre, hombre libre.

Una de las primeras metas de totalitarismo dinástico cubano fue establecer un control estricto sobre la prensa a través de la confiscación de los medios y  la intimidación a los periodistas, una situación que se complicó en extremo cuando un número importante de comunicadores, entre ellos algunos muy conocidos, se prestaron voluntariamente al aquelarre castrista que extinguió la República.

Cierto que un tiempo después hubo arrepentidos, pero ya habían matado, con tintas y  palabras, los derechos y libertades de muchos, como dice el novelista José Antonio Albertini, mientras los otros jenízaros de la dictadura sesgaban vidas sin piedad.

Fue una penosa realidad que trabajadores de los medios, periodista y demás, se convirtieron en  cómplices del nuevo régimen en la  instrumentación de una estrategia de intimidación paralela a la difusión de la certeza de que el país estaba siendo conducido por ciudadanos probos con un profundo sentido de justicia, un coctel que apoyado en el prestigio de los comunicadores,  la represión más cruenta y la desinformación sistemática, favoreció una pandemia de indefensión ciudadana que ha hecho posible la vigencia de un sistema fracasado por sesenta años.

Las dictaduras, ideológicas y no,  están conscientes que los periodistas comprometidos con sus deberes y derechos son una amenaza innegable a su sobrevivencia, y los Castro, en su estrategia totalitaria, supieron maniobrar con gran pericia en la estructuración de un régimen que ha controlado a la nación cubana por más de 22140 días.

La represión sistémica a la información y a los informadores determinó la transformación de los colegios profesionales de periodismo en centros de adoctrinamiento, mientras el régimen creaba organismos gubernamentales  como el Instituto Cubano de Radio y Televisión, ICRT, que programaba las trasmisiones como parte de la campaña política militar que procuraba el control absoluto del país y fundaba, con la fusión de varias entidades independiente, la Unión de Periodistas de Cuba, cuyo objetivo era reunir para beneficio del régimen, a todos los trabajadores en el pensamiento “patriótico”, léase, castrismo.

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