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21/04/2019
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Columnistas invitados/Guest columnists

REPÚBLICA DOMINICANA: DIFICIL DE ENTENDER Y DIGERIR

A la larga cadena de los tantos ejemplos de fallos emitidos por algunos tribunales que ponen en entredicho una y otra vez y colocan a ras de suelo la credibilidad de nuestro sistema de justicia, se agrega ahora un nuevo eslabón que pone al desnudo la edición de este martes del matutino “El Día”.

Su protagonista lleva por nombre Armando Féliz Montero, uno de los tres integrantes del grupo detenido por agentes de la DNCD en Santo Domingo Este a los que se ocupó un alijo de 86 paquetes conteniendo 91 kilos de cocaína que transportaban en una camioneta.  El valor de la droga incautada puede estimarse por seguro en muchos millones de pesos.

Hasta aquí la noticia no presentaría ningún aspecto novedoso ni fuera de lo común, dado el intenso tráfico interno de drogas que tiene lugar en el país, y la relativa frecuencia con que hechos de esta naturaleza divulga la actualidad noticiosa.

Pero ocurre que Féliz Montero estaba gozando de libertad provisional y no por un delito de menor cuantía, ni tan siquiera de trasiego de drogas, sino bajo la mucho más seria acusación de haber dado muerte a Ezequiel King de Aza, joven de veinticuatro años, hecho ocurrido en Samaná el 17 de marzo del 2017, en el Distrito Municipal de Las Galeras. 

No fue, sin embargo, hasta el mes de septiembre del año siguiente y anterior a este, en el  2018, que al imputado se le impuso como medida de coerción prisión preventiva de tres meses, que en diciembre se le cambió sorpresivamente por una garantía económica de apenas 400 mil pesos pese a tratarse de un grave delito de sangre, y sin que se sepa haber cambiado el presupuesto de elementos probatorios del hecho criminal.

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Julian Assange y la justicia ecuatoriana

Las decisiones del Gobierno del Ecuador han desbloqueado la situación que rodeaba al conocido asilado en la Embajada de ese país en Londres

LA HABANA, Cuba.- El señor Julian Assange ha vuelto a ser noticia tras cesar su asilo en la Embajada de Ecuador en Londres. Una vez más, hace pocos días pareció repetirse la cadena de malentendidos que saltaron a los primeros planos noticiosos siete años atrás, al iniciarse la estancia del polémico informador australiano en esa sede diplomática.

El pretexto esgrimido por las autoridades del país sudamericano para acoger al fundador de WikiLeaks en su casa londinense fue sencillo: tras haber publicado cientos de miles de documentos norteamericanos secretos, la vida de su divulgador —supuestamente— corría peligro. Ésa fue la razón esgrimida por el gobierno de Rafael Correa para otorgarle asilo político.

Desde el mismo inicio de esa aventura se puso de manifiesto el desconocimiento del Derecho Internacional Público por parte de los socialistas carnívoros ecuatorianos. Esa ignorancia fue por partida doble: se refirió tanto al hipotético peligro para la vida como a la misma esencia de la institución del asilo que se le concedió en su sede diplomática.

Con respecto al primer aspecto, baste decir que, en los casos de extradiciones, el Derecho Internacional no admite que la persona afectada sufra la pena de muerte. En lo tocante al segundo, sólo procede apuntar que el amparo en embajadas es una institución reconocida, pero sólo entre países latinoamericanos. Éstos, guiados por las realidades de su desarrollo histórico, son los que han suscrito los diversos tratados que la recogen. En ese contexto, la acogida del señor Assange en la Embajada Ecuatoriana constituyó, desde su mismo inicio, una infracción por partida doble.

O para decirlo de manera más clara, la intervención del gobierno de Rafael Correa en la situación del fundador de WikiLeaks obedeció a razones políticas: las mismas que inclinan a otros socialistas carnívoros de nuestro continente a sumarse a cualquier empeño que, de manera directa o indirecta, lleve agua al molino del anti-yanquismo a ultranza.

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HAITÍ: UN GRAVE ERROR

Por más que al talentoso director de Diario Libre,  Adriano Miguel Tejada,  le asiste gran parte de razón cuando advierte que la comunidad internacional se ha cansado de prestar ayuda a Haití, que es tanto como  echarla a un barril sin fondo, no deja de ser un grave error la decisión de retirar los últimos efectivos de la MINUSTAH, apenas mil 300 hombres que compartían labores policiales de prevención y control de la seguridad ciudadana y el orden público para sustituir su presencia por asistencia política.

La propuesta partió de los Estados Unidos, seguramente bajo el criterio externado en más de una ocasión por el presidente Donald Trump, de que se trata de países, más bien núcleos humanos, de ínfima categoría, en los cuales no vale la pena gastar un solo dólar.  En este sentido, salvo las abstenciones de Rusia, cuyo interés de penetración en el continente es más que palpable, y la República Dominicana por razones sobradamente obvias, la propuesta estadounidense obtuvo pleno respaldo.

El problema planteado por la decisión adoptada en la ONU, tiene al menos dos vertientes de análisis de mayor importancia.

La primera es que los Estados Unidos, a nuestro juicio erradamente,  siguen obstinados en enfocar la solución de los problemas de Haití a base de imposibles soluciones políticas bajo el modelo de su funcional sistema de elecciones democráticas que sirve de sostén político a su sociedad altamente desarrollada, pero de ilusorios resultados en un conglomerado humano donde el desorden, la ausencia de institucionalidad,  proliferación de las bandas criminales y rampante corrupción son males que males que comparten y la extrema desigualdad social que mantiene a su población en permanente estado de crónica miseria extrema, inseguridad atraso, ignorancia, insalubridad y falta de todo posible horizonte de esperanza.

Esta decisión se adopta además en uno de los momentos más críticos por los que ha atravesado Haití en las décadas más recientes.  Las manifestaciones de protesta masiva donde el reclamo inicial de aclarar el destino de los más de 3 mil 500 millones de dólares de PETROCARIBE que al parecer se han volatilizado y el sometimiento de doce ministros y ex ministros, presuntamente involucrados en el monumental desfalco, han adquirido un giro político reclamando la renuncia del presidente Jovenel Moise.  Las protestas han dejado como trágico saldo decenas de muertos y una peligrosa atmosfera de latente insurgencia.

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REPÚBLICA DOMINICANA: LA REFORMA DEL SECTOR SALUD

Educación y Salud figuran a la cabeza del programa de servicios que el Estado está obligado a prestar a los ciudadanos. Y el acceso a ambas en forma gratuita y en condiciones de calidad, se considera un derecho humano esencial.

En el caso de la Educación a través de una sostenida e inteligente campaña cívica de reclamo se logró que Danilo Medina, en los mismos inicios de su primer gobierno, asumiera como prioridad dar vigencia a la ley que disponía la entrega del cuatro por ciento del Producto Interno Bruto.

Si bien todavía queda mucho trecho por transitar, vacíos que llenar, escollos que superar y hojas del almanaque que caer para lograr el ideal de una Educación de calidad que es el objetivo fundamental perseguido, al menos se dispone de los recursos establecidos, cuota que se  ha venido cumpliendo religiosamente año tras año.

No ha ocurrido así con el sector Salud.  Pese a su importancia fundamental, ha venido desenvolviéndose en condiciones extremadamente precarias, con frecuencia conflictivas y disponiendo de un presupuesto a todas luces insuficiente para poder cumplir con el deber de prestar las atenciones básicas requeridas por la población.    

Carente de medios para acceder a prestaciones de calidad en el sector privado, la inmensa mayoría de la población se ve obligada a depender de un sistema hospitalario altamente deficiente y deficitario, en que resaltan las precariedades, carencias y bajo nivel de atenciones, y donde los justificados motivos de queja superan con mucho las muy contadas razones de satisfacción.

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The Collectivists’ Lotus Effect

Dr. José AzelI first saw the intriguing lotus effect in a lotus flower lily pad in Laos while on a trip throughout Southeast Asia Scientists refer to the lotus effect as the self-cleaning properties that are the result of ultra hydrophobicity where dirt particles are picked up by water droplets due to the nanoscopic architecture of the lotus leaf.

A few days earlier, we had visited one of infamous killing fields of Pol Pots’ fanatical communist ideology that resulted in the genocide of close to twenty five percent of the Cambodian population in barely three years. Emotionally, the serenity of the lotus effect contrasted with the earlier somber experience of the killing fields, and I wondered why the atrocities committed by communist regimes simply do not seem to “stick” in the minds of supporters. Collectivists seem to have developed their own lotus effect that self-cleanses the murderous history of their ideology.

The Black Book of Communism offers a conservative estimate of one hundred million innocent individuals murdered by Marxist socialists in the 20th century. To this, we can add the approximate twenty million victims of Hitler’s National Socialists. The landscape is always the same, whether it depicts the China of Chairman Mao, Kim Il Sung's Korea, Vietnam under Uncle Ho, Cuba under the Castros, Ethiopia under Mengistu, Angola under Neto, Afghanistan under Najibullah, and others.

But the horrific images of this murderous collectivist landscape are painted over with dismissive brushstrokes of exculpation where the blame resides not with collectivism, but with those opposing it. Nothing sticks. Why isn’t’ collectivism judged by its outcomes?

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